domingo, 16 de octubre de 2011

Los Berenguer, una familia de militares con raíces callosinas, por Joaquín Ronda Pérez y María Francia Galiana Botella

Los Berenguer, una familia de militares con raíces callosinas
Joaquín Ronda Pérez y María Francia Galiana Botella
Article publicat a la Revista de Festes de Moros i Cristians de Callosa d'en Sarrià, any 2011

A Juan Ronda Perales

El presente artículo tiene como finalidad describir el proceso de ascenso social experimentado por cierta rama de una familia oriunda de Callosa, los Berenguer, algunos de cuyos miembros han quedado inexorablemente asociados a la historia militar y política española desde finales del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX.

            El 16 de octubre de 1838 nacía en Callosa d’en Sarrià Dámaso Berenguer y Benimeli[1], fruto del matrimonio formado por el notario Don[2] Dámaso Berenguer y Pallarés y de Doña Pascuala Benimeli y Carrasco (Callosa d’en Sarrià, 1805-1887)[3]. Era muy corriente en esta época practicar una endogamia de clase, que los diferentes estratos sociales se casasen exclusivamente entre ellos; en este ejemplo ambos cónyugues pertenecían a la elite callosina: el padre de Dámaso Berenguer Pallarés, Don Dámaso Alejo Berenguer[4], fue también escribano en esta villa; mientras que el de Pascuala, Don Juan Bautista Benimeli, fue abogado. Cabe recalcar que la familia Berenguer venía de una larga estirpe de escribanos acreditada desde principios del siglo XVIII en la villa de Callosa d'en Sarrià[5].

El domicilio de esta familia en Callosa estaba en la calle Mayor, una de las vías principales de la población. Esta anécdota tendrá, en el momento culminante de progreso de la familia Berenguer, una fuerte carga simbólica.

            Del vínculo entre Dámaso y Pascuala nacieron, además de Dámaso, Don Fernando y Doña Rosa Berenguer Benimeli[6]. El primero se introdujo en la administración judicial al ser nombrado en 1865 escribano actuario del juzgado de instrucción de Callosa d’en Sarrià, con un status social y económico similar al de los notarios[7]. En este empleo, que posteriormente recibió el nombre de secretario judicial, permaneció, con una sola intermitencia, hasta 1901. Mientras, Doña Rosa, siguiendo el rol femenino de la época, contrajo matrimonio con Don Vicente Savall Berenguer, procurador del tribunal de Callosa[8]; los descendientes de esta pareja darían lugar a una saga de funcionarios y políticos municipales, algunos de los cuales recibirían el nombre de Dámaso.

            Don Dámaso Berenguer y Benimeli escogió la carrera militar a una edad tardía, 18 años, ingresando como cadete en dos regimientos donde recibió instrucción teórica y práctica[9]. Al finalizar este periodo formativo de más de tres años recibió, el 25 de marzo de 1860, el grado de Subteniente de Infantería, equivalente al de alférez[10].

El 20 de diciembre de 1860 fue destinado como Teniente a Cuba. En la isla permaneció hasta 1864; el 1º de enero de ese año embarcó hacia Santo Domingo para participar en la Guerra de la Restauración (1863-1865), donde se le concedió el grado de capitán por los servicios prestados en combate. Derrotado el ejército español por los dominicanos, Berenguer retornó a Cuba estableciéndose en La Habana.


Uniforme de un Teniente de Infantería en Cuba, 1870. Fuente: Guerrero, José Manuel, El ejército español en Ultramar y África (1850-1925), Acción Press, Madrid, 2003.

En 1868 estalló el primer conflicto independentista en la isla de Cuba, la guerra de los diez años (1868-1878). Dámaso Berenguer era, en aquel entonces, secretario en la comandancia del distrito militar de Cárdenas, al noroeste de la isla, próximo a La Habana. La coyuntura bélica le permitió involucrarse de nuevo en hechos de guerra por los que obtuvo los grados de comandante (1870) y, posteriormente, de teniente coronel (1876).

El 25 de mayo de 1878 pasaba por enfermedad al Ejército de la Península, quedando de reemplazo con residencia en Madrid. El 16 de junio se le concedieron 20 días de licencia para resolver asuntos propios en Callosa d’en Sarrià, la única vez que consta que regresara a su pueblo natal.

En España Berenguer permaneció casi tres años; en agosto de 1881 fue destinado de nuevo al Ejército de la Isla de Cuba. A partir de esa fecha desarrolló toda su carrera militar hasta llegar al retiro en la colonia antillana, ocupando puestos militares y de vigilancia por los que recibió algún mérito[11]:

-          1881: Comandante en San Juan de los Remedios.
-          1884: Se le concedió la placa de la Orden de San Hermenegildo y fue nombrado Comandante Militar de Jaruco (provincia de Mayabeque).





Placa de la Orden de San Hermenegildo. Fuente: BARADO, Francisco, Historia del Ejército Español, s.a.


-          1885: Ascendido a Teniente coronel de Infantería del ejército de Cuba.
-          1887: Nombrado Teniente coronel fiscal.
-          1890: Nombrado Jefe de policía en La Habana y primer jefe de orden público.
-          1892: Nombrado Teniente coronel de Batallón de Orden Público.
-          1893: Nombrado Teniente coronel destinado a la secretaría de la subinspección del Arma en la isla de Cuba. Sustituyó al Ayudante de campo del Capitán General de Cuba, la máxima autoridad civil y militar en la Isla.
-          1895: Ascendido a Coronel de Infantería y continuó desempeñando el destino de Secretario de la Subinspección de Infantería.
-          El 20 de mayo de 1896 regresó a España por motivos de salud. El 9 de julio se le concedió el retiro y fijó su residencia en Madrid, donde ocho días después falleció a los 57 años de edad.



Además de cumplir con su expediente militar en Cuba, Don Dámaso Berenguer y Benimeli arraigó familiarmente en la colonia; en San Juan de los Remedios contrajo matrimonio en octubre de 1872 con Doña María Dolores Fusté y Ballesteros, oriunda de esta ciudad. En el Archivo Parroquial de la Iglesia de Nuestra Señora del Buen Viaje, página 80 del Libro II de bautismos de blancos, consta la siguiente acta:

“En la villa de San Juan de los Remedios, en cuatro de septiembre de mil ochocientos setenta y tres años: Yo el pbro. Don Benito López Gil, cura de la Iglesia de Nuestra Señora del Buen Viaje de esta villa, bauticé solemnemente á Dámaso Alejandro Domingo Carlos de la Trinidad, que nació el cuatro de agosto ppdo., hijo legítimo del Comandante de Infantería don Dámaso Berenguer y Beni Melli (sic), natural de Callosa de Ensariá (sic), provincia de Alicante, de España, y de doña María de los Dolores Fusté y Ballesteros, natural de esta villa. Abuelos paternos, don Dámaso y doña Pascuala Beni Melli (sic); maternos, don Alejandro S., natural de Venezuela, y doña Josefa Ballesteros, de Lérida; padrinos, don Carlos Barllet y doña Serafina Wilson, siendolo por poder sus abuelos maternos, á quienes advertí el parentesco espiritual y obligaciones que contrajeron y lo firmé. Bach. Benito López Gil”[12].


También, en Cuba nacieron el resto de vástagos del matrimonio Berenguer Fusté: Ricardo (diciembre 1874), Fernando (30-05-1876), Federico (15-10-1877), Alejandro (26-01-1882), María de los Dolores (11-02-1887) y Luis Alberto (05-05-1889)[13]. De todos ellos es sin duda la figura de Dámaso Berenguer y Fusté la de mayor trascendencia histórica por su componente político, aunque no son desdeñables los perfiles militares de Federico y de Fernando.

Dámaso Berenguer y Fusté[14] ingresó en 1889 en la Academia General Militar ubicada entonces en Toledo, desde la que pasó a la de Caballería en Valladolid. Obtuvo el empleo de alférez en 1892, y fue promovido a segundo teniente de caballería en 1893 cuando finalizó sus estudios. En 1894 fue destinado al Regimiento Pizarro en Cuba; en la isla permaneció hasta su independencia de España, en octubre 1898, participando en numerosas campañas y combates contra los insurrectos separatistas, merced a las cuales obtuvo diversas medallas al mérito y el grado de comandante.

Ya establecido en la península, los conflictos internacionales alrededor de las plazas españolas en África le ofrecieron nuevas posibilidades de glorias militares: desde julio de 1911 hasta febrero de 1916 se mantuvo al mando de las fuerzas regulares indígenas de Melilla, nuevamente creadas, organizándolas para emprender luego multitud de campañas militares por el norte de África.


El General Dámaso Berenguer y Fusté. Fuente: Historia de España del Marqués de Lozoya (Juan de Contreras y López de Ayala), Tomo 6, Edt. Salvat, Barcelona, 1970.


Su regreso a la península coincidió con su designación como gobernador militar de Málaga. A partir de este momento, su brillante expediente militar se conjugó con una exitosa carrera política, motivados ambos en parte por su amistad personal con el rey Alfonso XIII. Sólo dos años más tarde, en 1918, era nombrado Ministro de la Guerra, y en 1919 Alto Comisario en el protectorado de Marruecos, máxima autoridad responsable de la acción política de España en estos territorios.

Desde este puesto Berenguer diseñó un ambicioso plan tendente a la pacificación y ocupación definitiva del territorio del protectorado. Aunque disfrutó de algunos éxitos iniciales, como la toma de Xauen en 1920 por la que el rey Alfonso XIII le concedió el título de conde de Xauen, toda la operación se vino abajo con el desastre de Annual (1921); procesado y separado del servicio por sus responsabilidades militares fue amnistiado y rehabilitado tras el golpe de estado de Primo de Rivera, en septiembre de 1923, alcanzando el máximo grado en la carrera militar, teniente general de división, durante la dictadura de este general, lo que le permitió acceder a la capitanía general de la región militar de La Coruña en 1925.

El 31 de enero de 1930 Alfonso XIII encomendaba a Dámaso Berenguer la tarea de reemplazar a Primo de Rivera; comenzaba así un sistema de gobierno que los comentaristas de la época calificaron de “dictablanda”. Incapaz de lograr su propósito de recomponer el antiguo sistema liberal, Berenguer y su gobierno dimitieron en bloque el 14 de febrero de 1931.

Tras la instauración de la República, el general Berenguer fue procesado ante el Tribunal Supremo en 1932 y posteriormente amnistiado durante el bienio radical-cedista en 1934. Desde entonces permaneció apartado de la vida pública, sin llegar a participar en el golpe de estado militar de julio de 1936. En 1946 publicó un libro de memorias titulado De la Dictadura a la República. Dámaso Berenguer y Fusté murió en Madrid en 1953.

Fernando Berenguer y Fusté[15] estuvo muy próximo a su hermano Dámaso, al que sirvió como ayudante en Ceuta y en el gobierno militar de Málaga. Licenciado en la Academia de Infantería de Toledo, tomó parte en la campaña de Cuba, como subalterno, y en la de África (en Melilla, Ceuta-Tetuán y Larache) de capitán, comandante y teniente coronel, alcanzado por estos servicios hasta once cruces al mérito, más tres condecoraciones. Adquirió la graduación de general de división en 1928 para ser nominado gobernador militar de El Ferrol. Un mes después de implantada la República en España, era cesado del mando de la séptima división que tenía a su cargo.

La carrera militar de Fernando Berenguer incluyó también acciones de represión social y política: en 1906 fue enviado a sofocar las huelgas mineras en Santander y en 1919 a Barcelona, al mando de un somatén, con la finalidad de apaciguar el orden público. Estas actividades despertaron mucha animadversión hacia su persona en los círculos anarquistas y quizás fueran el móvil del suceso luctuoso que acabó con su vida; en junio de 1934 moría asesinado en la casa familiar de recreo “Villa Albernia” en Hernani (Guipúzcoa)[16]. Otra hipótesis que se barajó sobre la intencionalidad de este atentado fue la de que los asesinos quisieran acabar con Dámaso y lo confundieran con Fernando, ya que ambos hermanos guardaban un gran parecido.

Por último, Federico Berenguer y Fusté[17], licenciado en la Academia de Infantería de Toledo, siguió un ciclo profesional muy próximo a sus dos hermanos; participó en las campañas de Cuba y África (Melilla, Larache y Ceuta-Tetuán), de donde regresó con el grado de general de brigada y fue premiado con numerosos distintivos. En 1927 fue promocionado a la máxima categoría del ejército, teniente general, para ser nominado Capitán General de Valladolid. Siendo su hermano Dámaso Presidente del Consejo de Ministros, fue designado Capitán General de la Primera Región Militar, Madrid.

Los hermanos Berenguer no llegaron a visitar Callosa, pero sí que recibieron, en Madrid, la visita de comisiones de callosinos[18]. El pueblo de Callosa honró la persona de los tres militares dedicando calles y plazas a su nombre: la calle Mayor, domicilio de los Berenguer, recibió el nombre de Calle del General Berenguer; la plaza del Convento pasó a titularse del Teniente General Federico Berenguer y Fusté[19], y por último otra calle, cuya ubicación desconocemos, fue bautizada con el nombre de Fernando Berenguer y Fusté. Es imaginable pensar que durante la Segunda República estos nombres desaparecieran del callejero callosino.




Paypay publicitario de la Farmacia Ronda donde figura el nombre de la calle General Berenguer.

En julio de 1930, el alcalde D. Juan Ronda Grau organizaba una manifestación en honor al general Dámaso Berenguer Fusté, “hijo predilecto de la villa”, por haber concedido una subvención de 60.000 ptas para la construcción de las nuevas escuelas. Estas escuelas nunca serían construidas bajo la Presidencia de Berenguer, que concluyó rauda. Este proyecto fue retomado durante la Segunda República por otro ilustre callosino, Rodolfo Llopis y Ferrándiz, que lo llevaría a término dentro de su plan general de construcción de escuelas.


A modo de conclusión merece destacarse que la historia de una comunidad humana puede ser enfocada desde múltiples puntos de vista, siendo uno de los más relevantes el constituido por la biografía de personajes que han conformado dicha colectividad. Ha sido el principal motivo de estas líneas, traer de nuevo a la memoria de los callosinos la figura de los militares Berenguer.

Para completar este artículo, ver el siguiente enlace: 





[1] http://gw5.geneanet.org/index.phg3?b=umigon&lang=es, datos de Gonzalo Velasco Berenguer y del expediente de Don Dámaso Berenguer Benimeli que se halla en el Archivo General Militar de Segovia.
[2] Recalcamos el apelativo “Don” antes de algunos nombres porque era una de las formas en que las elites eran reconocidas públicamente por sus contemporáneos.
[3] Registro Civil de Callosa d'en Sarrià, Sección de Defunciones, Libro 17, Año 1887.
[4] Archivo del Conde Orgaz (ARV), Legajo VI, Documento 137.
[5] Archivo Ducal de la Casa de Medinaceli, Signatura L-156-1. SALVÁ Y BALLESTER, Adolfo, Documentos históricos de la villa de Callosa d'en Sarriá transcritos y recopilados por Adolfo Salvá y Ballester. -2- Visitas de los años 1633-1807, p. 409, s/f:
[6] Para fuente ver nota 3.
[7] Boletín de la Revista General de Legislación y Jurisprudencia, tomo XXIII, Segundo Semestre 1865, p. 59; Gaceta de Madrid, nº 1, 1-1-1863).
[8] Registro Civil de Callosa d'en Sarrià, Sección de Defunciones, Libro 18, Año 1888-1889.
[9] Carrera militar extraida del expediente de Don Dámaso Berenguer Benimeli que se halla en el Archivo General Militar de Segovia.
[10] Gaceta de Madrid, 1-04-1860
[11] El Clamor público, 03-04-1860, p. 2. Guía de forasteros en Madrid, 1869, p. 612; ídem, 1870, p. 621. La Correspondencia de España diario universal de noticias, Año XXVII, Núm. 6736, 1876-05-15; ídem, XXXII, Núm. 8563, 1881-09-01; ídem, Año XXXV, Núm. 9456, 1884-02-11; ídem, Año XXXVI, Núm. 9841, 1885-03-02; ídem, Año XLI, Núm. 11867, 1890-10-01; ídem, Año XLVII, Núm. 14034,1896-07-09. Guía oficial de España, 1877, p. 512; ídem, 1892, p. 477. Diario oficial de avisos de Madrid, 12-02-1884, p. 2. El Liberal, 30-09-1889, p. 1. El Correo Militar, 20-09-1890, p. 2; ídem, 19-01-1893, p. 3; ídem, 03-07-1893. p. 3; ídem, 28-08-1895, p. 3. La Época, 28-08-1895, n.16256, p. 2.
[12] La Esfera, 30-05-1930, p. 39. Las fotografías de la iglesia y de la casa proceden de esta revista.
[13] http://gw5.geneanet.org/index.phg3?b=umigon&lang=es, datos de Gonzalo Velasco Berenguer.
[14] Carrera militar y política extraida de la Gaceta de Madrid, nº 191, 19-07-1918; ídem, núm. 208, de 27-07-1918, p. 271 ; ídem, núm. 314, de 10-11-1918, p. 573; ídem, núm. 340, de 06-12-1918, p.890; ídem, núm. 26, de 26-01-1919, p. 353; ídem, núm. 5, de 05-01-1921, p. 60 a 61; ídem, núm. 300, de 27-10-1921, p. 306 a 308; ídem, núm. 195, de 14-07-1922, p. 168; ídem, núm. 209, de 27-07-1924, p. 539; ídem, núm. 87, de 28-03-1925, p. 1583; ídem, núm. 169, de 18-06-1925, p. 1809; ídem, núm. 245, de 02-09-1926, p. 1324; ídem, núm. 289, de 16-10-1927, p. 332; ídem, núm. 308, de 04-11-1927, p. 739 a 740; ídem, núm. 31, de 31-01-1930, p. 763; ídem, núm. 50, de 19-02-1931, p. 971; ídem, núm. 50, de 19-02-1931, p. 972; ídem, núm. 118, de 28-04-1931, p. 360.
[15] Carrera militar extraida de la Gaceta de Madrid, nº 91, de 1-04-1923; ídem, núm. 76, de 16-03-1924, p. 1430; ídem, núm. 196, de 14-07-1928, p. 226 a 227; ídem, núm. 309, de 04-11-1928, p. 785; ídem, núm. 23, de 23-01-1929, p. 699; ídem, núm. 53, de 22-02-1930, p. 1287; ídem, núm. 131, de 11-05-1931, p. 662.
[16] El Sol, 07-06-1934, p. 1.
[17] Carrera militar extraida de la Gaceta de Madrid, nº 199, 18-07-1925; ídem, núm. 275, de 02-10-1927, p. 34; ídem, núm. 305, de 01-11-1927, p. 685; ídem, núm. 171, de 20-06-1929, p. 1661 ; ídem, núm. 178, de 27-06-1929, p. 1802 a 1803; ídem, núm. 87, de 28-03-1930, p. 1947; ídem, núm. 206, de 25-07-1930, p. 606; Gaceta de Madrid: Diario Oficial de la República , núm. 333, de 29-11-1934, p. 1695; Boletín Oficial del Estado, núm. 154, de 01-12-1938, p. 2707 a 2709.
[18] Tenemos constancia documental de la visita a Federico Berenguer de un grupo de Callosa cuando este ocupaba la gobernación militar de la provincia de Alicante; La Correspondencia Militar, 16-02-1919. Por testimonio oral de Doña Dolores Savall y Palacio (1894-1982), sobrina nieta de los Berenguer, transmitido por Elena Pérez Salvá, hemos recibido la noticia de que también Dámaso Berenguer Fusté acogió en audiencia a ciudadanos de Callosa.
[19] Dato extraido de un recibo de contribución urbana fechado el 12 de diciembre de 1930.

viernes, 7 de octubre de 2011

Breve semblanza de Vicente Iborra Soto por Miguel Guardiola Fuster

  
Las familias Lledó e Ivorra son de las más tradicionales y antiguas de la Nucia. En ellas está entroncado el teniente de la Guardia Civil Bautista Ivorra Lledó, teniente Canet, (La Nucia, 1855-Valencia, desconocida) laureado militar de la Guerra de Cuba, abuelo de Vicente Soto Iborra, el escritor al que están dedicadas estas notas biográficas y literarias.

El teniente Canet, en 1898, finalizada la guerra de ultramar, embarcó para la Península en el “Satrustegui”. El vapor “Patricio de Satrustegui” fue construido en 1890 para la British India S.N. con el nombre de “Tara”, y botado el 11 de noviembre de 1899. Su primer viaje lo inició el 2 de febrero de 1890 en la línea Londres-Suez-Batavia-Brisbane. En diciembre de 1893 lo compró la Cía. Trasatlántica Española poniéndole el nombre de “Patricio de Satrustegui”, reformándolo de modo que podía transportar 89 pasajeros en 1ª clase, 54 en 2ª, 75 en 3ª y 952 emigrantes, destinándose a la línea de Filipinas. En 1898 pasó a transportar tropas y municiones para el apostadero de Cavite y repatrió soldados de Santiago de Cuba. En 1927 fue desguazado en Génova.

A bordo de este vapor arribó a Santander Bautista Ivorra Lledó, el 10 de septiembre de aquel año, y emprendió viaje a la Vila Joiosa. El teniente Canet casó con Magdalena Eiviz con quien tuvo diez hijos: Juan, Ricardo, Manolo, Nicolás, Joaquina, Amelia, Concha, Magdalena (Manina), Isabel y Elvira. El teniente de la Guardia Civil llegó a la Nucia y acondicionó la casa comprando diez camas y otros enseres ante el pasmo de sus paisanos. Con el tiempo se trasladó a Valencia empleándose, casualmente, en una fábrica de tejidos llamada “La isla de Cuba”.

Vicente Soto Iborra es hijo de Isabel Ivorra Eiviz y nieto mayor del teniente Canet. Nació en Valencia, en la calle Santa Teresa, 35. Cursó el bachillerato en el Instituto Luis Vives, excepto dos años que pasó en un colegio de Utiel. En su época de estudiante perteneció a la FUE, el sindicato socialista de los estudiantes, y al grupo de teatro El Búho. Combatió en la guerra civil española en el frente de Madrid más de año y medio y en las trincheras de la Moncloa, siempre de soldado raso. Si bien no sufrió cárcel fue un estudiante marcado, un perdedor. Cursó Derecho en la Universidad de la calle La Nave, en Valencia, carrera que terminó y que no ejerció nunca. En aquellos años ganó un premio oficial de teatro, y la comedia infantil, Rosalinda, fue representada en Viveros, en el teatro Apolo y luego en el María Guerrero de Madrid.

Ante las escasas perspectivas de trabajo que le ofrecía Valencia marchó a Madrid y allí tuvo una vida bohemia. Compartió tertulia con Bueno Vallejo, García Pavón y otros escritores en el café Lisboa. Trabajó de auxiliar administrativo en una oficina de una Mutua Sanitaria. En 1948 publicó un libro de relatos, Cuentos humildes, vidas humildes, que se vendió a 14 pesetas. No obstante, en el Madrid de la postguerra no conseguía salir adelante y en 1954, casado ya con Blanca, su mujer, embarcó para Londres convenciendo al aduanero que iba a aprender inglés y le estamparon en el pasaporte la prohibición de trabajar, sin embargo a los pocos días estaba fregando platos en un restaurante del Soho, ascendiendo enseguida a secretario del restaurante, “empleo desconcertante que no sabía que existía”. Durante su ida y regreso de casa a la oficina, en el metro, tomaba a diario notas en una libreta que luego los fines de semana a a limpio a mano, luego a máquina. Así escribió La zancada. La mandó al Nadal y lo ganó. “La noticia me dejó turulato”. Escribiendo novelas, ejerciendo de traductor de español e inglés y colaborando en el servicio internacional de la BBC pasó la vida y ahora, retirado de estos menesteres, descansa en la capital londinense.

Se define de demócrata, solitario y tímido. Escribe alejado de camarillas y corrientes, de modas, de los escaparates de novedades y de las presiones de las editoriales, lo cual no ha coartado su labor literaria plena de premios y distinciones. Aunque confiesa que sus escritores favoritos son Faulkner, Proust, y Kafka, sea dicho que la técnica narrativa de Vicente Soto tiene su referencia más evidente en el modelo de Gabriel Miró, tal vez más dinámico pero con las mismas impresiones sensoriales.

Su obra por la que ha sido reconocido en el mundo literario, La zancada (premio Nadal 1966), es una narración inspirada en el paso de la niñez a la adolescencia, ambientada en Utiel –Alcidia en la ficción-, pueblo donde estudió dos años. Su trabajo literario se muestra en Vidas humildes, cuentos humildes (Madrid, 1948); La prueba (1968), premio “Gabriel Miró”; Bernard, uno que volaba (1972); El gallo negro (1973), figuración de la vida de un emigrante rural de Cuenca a Valencia; Casicuentos de Londres (Premio Novelas y Cuentos 1973), relatos inspirados en la existencia de irlandeses, negros, turcos y españoles expatriados en la capital inglesa; El girasol (Premio Hucha de Oro 1974; Cuentos del tiempo de nunca acabar (incluido El girasol, 1977); Una Canción para un loco (finalista del Premio Plaza y Janés, 1986); Luna creciente, luna menguante (1993); Tres pesetas de historia (1983), son narraciones de la guerra civil; Pasos de nadie (1991); Cuentos de Aquí y de Allá (2000), Mambrú no volverá (2001, Premio de la Crítica Literaria Valenciana 2001), reconstruye una etapa crítica de un joven, que experimenta durante un verano los primeros sobresaltos de la adolescencia en un ambiente aldeano de la España agraria del primer cuarto de siglo, y cuyas muchachas encuentran el mayor estímulo en pasear por la estación para ver pasar los trenes y soñar con otros destinos.

En 1974, tras publicar Casicuentos de Londres, Vicente Soto fue incluido en el Panorama de Narrativa actual española organizado por la Fundación Juan March, junto a Francisco Ayala, Torrente Ballester, Camilo José Cela y Juan Benet http://www.march.es/conferencias/anteriores/.

En 2001 recibió el Premio Lluis Guarner que le fue entregado por la subsecretaria de la conselleria de Cultura y Educación, Carmina Nácher, en un acto académico celebrado en la Biblioteca Valenciana, quien destacó que es “un reconocimiento a la labor callada de Soto desde el exilio”. Ese mismo año fue creado unos galardones para reconocer la trayectoria de intelectuales, artistas y científicos de la Comunidad Valenciana: “Valencianos del mundo. I Premio de las Artes y de las Ciencias”. En su primera edición premió a seis distinguidas personalidades: Vicente Soto, Lola Cardona, Amparo Rivelles, Manuel Valdés, Vicente Rubio y Luis Antonio García Navarro. Ante la presencia de 300 invitados, presididos por Eduardo Zaplana, por entonces presidente de la Generalitat Valenciana, fueron homenajeados en el transcurso de una cena en el Museo Thyssen Bornemisza, de Madrid. Entregó el premio Consuelo Ciscar y fueron los hijos del homenajeado, Vicente e Isabel, quienes recibieron el premio. Vicente Soto, desde su residencia londinense, hizo llegar su agradecimiento: “el premio es un inmenso motivo de alegría porque viene de las gentes de mi tierra”.

En 1986 quien esto escribe recibió una misiva suya, en respuesta a una precedente mía, desde Londres. En ella el escritor afirmaba que sabía que su abuelo, a quien no conoció, estuvo en la guerra de Cuba, donde “nació mi madre, como los más de sus hermanos; fueron once en total. Y añade: “Y, créame, ahí termina mi información. Siempre quise saber algo más, mucho más y quise preguntar a mis tíos y a mi madre. Preguntas de ésas que uno va aplazando por falta de oportunidad un día que ya no queda nadie que podría contestar”. En el párrafo siguiente añade: “Ni siquiera, si le soy sincero, sabía yo que mi abuelo Juan Bautista fuese de La Nucia, pueblo en el que yo pasé unas semanas, un verano cuando tenía quizá doce años. Tengo un recuerdo muy agradable de aquellos días y también muy impreciso”.

El cronista le envió el libro La Nucia, apuntes para la historia, del que ha dicho: “Le agradezco mucho el envío de su libro, que hasta aquí sólo he ojeado y que encuentro muy interesante. Se lo digo sinceramente (la referencia al bandolerismo y las notas folclóricas me interesan especialmente)”. Remata la carta: “Sólo me falta rogarle que, si algún día consigue dar término a esa biografía de mi abuelo, recuerde que me gustaría conocerla”. Así lo hicimos. No pasó mucho tiempo cuando le remití La Nucia, gentes de antaño, donde reseñaba las andanzas de su abuelo. El trato se fortaleció con epístolas, pláticas telefónicas y nuevos envíos de libros, trabándose empatía entre el premiado escritor y el cronista de la que se siente gozoso y cumplido.

sábado, 27 de agosto de 2011

El Cid Campeador en Polop, por Miguel Guardiola Fuster

          
Las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar se conocen a través de la historia y de la leyenda, de la verdad y de la ficción, de modo que es difícil discernir la realidad de la irrealidad. De su conjunción se ha creado un arquetipo de caballero español con las máximas virtudes: valeroso, fuerte, leal, íntegro, juicioso y aguerrido, guerreaba más con meditación que impetuosidad, y otras probidades que han adornado su vida. Sin embargo, para otros autores en la leyenda del Cid hay más sombras que luces. Sus enemigos le apodaron el Cid Campeador –del árabe Sïd, señor, y del latín Campus Doctor, vencedor de batallas-, y con este nombre ha pasado a la historia. Nació en Vivar, aldea cercana a Burgos, por los años de 1043, hijo de Diego Laínez, noble caballero castellano.
Cuando en 1088 el almorávide Yussuf cruzó el estrecho de Gibraltar, el rey Alfonso VI pidió ayuda al caballero Rodrigo Díaz de Vivar, pero un conjunto de eventualidades y tal vez, más por culpa de Alfonso VI que del Cid, no pudo éste incorporarse oportunamente al ejército cristiano. El rey quedó agraviado y el monarca ordenó su destierro. Extrañado el Cid y despojado de sus bienes fue muy dichoso combatiendo sin ataduras al rey. El Cid salió de Molina hacia Elche, en el reino de Denia, donde se detuvo hasta la Pascua del Nacimiento del Señor, que celebró devotamente en esa ciudad.
Después de haber invernado en el campamento de Elche recorrió hacia arriba la costa hasta llegar a Polop, a seis leguas de Alicante, “parage fuerte por naturaleza y arte”, “castillo fuerte por su sitio y de fábrica buena y antigua”, lugar de refugio al que se acogían en casos extremos un gran número de habitantes de la comarca. En dicha fortaleza, en una cueva subterránea, se guardaba dinero, innumerables alhajas, sedería y otras ricas “estofas” del Tesoro público perteneciente al-Mundzir, rey de Denia, riquezas recogidas de todos los pueblos vecinos. Deseoso el Cid de apoderarse de ellas sitió el castillo, defendido por un buen número de guerreros, y le asedió de tal manera que en pocos días forzó a la guarnición a rendirse. Entró en la cueva el Cid y se apoderó del riquísimo tesoro que halló dentro y que constaba de gran copia de oro, plata, seda y preciosos vestidos. Cargado con el valioso botín se dirigió a Portus Tarnan, según la Historia leonesa, que Malo de Molina identifica con Tárbena, enclave situado en las gargantas de los cerros Bernia y Santa Bárbara, con un fuerte castillo, Ondia, al que Risco reconoce por Ondara, que reedificó y guarneció con el ánimo de detenerse allí algunos días.
En Tárbena u Ondara celebró el ayuno de la Cuaresma y la Pascua de Resurrección. A su término, se acercó a Valencia, después de descansar en Denia. En este tiempo no dejó reposo a los pueblos de aquellas comarcas, de modo que desde Orihuela hasta Játiva no dejó piedra en su lugar, vendiendo el botín de Polop en Valencia, según lo acordado con Al-Kaadir, rey de Valencia.
La vida y aventuras del Cid han dado lugar a numerosas leyendas exaltadoras de las virtudes y bondades del castellano. Fernando Zabala, en su obra Mitos y hechos legendarios. Leyendas y tradiciones valencianas II, recoge una de ellas que capta la piedad y bondad del Conquistador: “la historia acontece en Polop donde aún persiste una cueva llamada del Cid en lo alto de un montículo próximo al pueblo, cuenta como, derrotados los vecinos por las tropas del famoso héroe, éste se dispuso a descansar allí, mientras los soldados festejaban la victoria perpetrando barbaridades dentro del núcleo urbano. Antes de que conciliase el sueño, irrumpió en la gruta un ceniciento y andrajoso viejo que había burlado la vigilancia de la guardia, más pendiente de los lejanos escándalos que de custodiar a su caudillo. Era un hombre mendo, ágil y escurridizo pese a su edad. Tenía el rostro enjuto, las facciones finas, largas patillas y breve barba blanca; los ojos, muy chicos, rebosaban cansancio y desolación. Sin embargo, frente a Rodrigo, dos palmos más alto que él y presto a empuñar la espada, no se amilanó.
 -Poderoso Cid –dijo resuelto-, apelo al honor que te exige tu Dios para que salves a mi hija Zuleima, si todavía es tiempo. Es casi una niña y, en pocas horas, ha presenciado la muerte de su amadísimo Ben-Ussam con quien iba a contraer nupcias mañana y el brutal apaleamiento de mi esposa que, para librarla de la deshonra, hirió a un soldado cristiano. Ahora, no sé dónde está Zuleima ni creo tampoco que nuestros respectivos dioses aprueben tanto espanto en su nombre. La fuerza no todo lo doblega, Cid. Habéis conquistado un pueblo, casas, tierras y enseres de personas celosas de Alá y de su linaje pese a la derrota. ¿Acaso ese pequeño triunfo precisa engrandecerse con el atropello de criaturas inocentes? ¿No os bastaría la humillación de un padre viejo, dispuesto a comprar la honra de su hija postrándose a vuestros pies?
Cuando el anciano hizo ademán de arrodillarse, Rodrigo lo impidió.
-¡Alzaos, por Dios! -dijo-. Y seguidme.
Una escolta condujo a ambos hasta Polop, que arrullado en días de paz por el rumor de sus fuentes, era, aquella noche, un ascua, un apocalíptico escenario donde el alboroto de los vencedores se fundía con los pavorosos gritos de los vencidos.
 La infeliz Zuleima, semioculta entre unos matorrales, yacía a las afueras del pueblo, con una daga hendida en el vientre por ella misma para evitar que la capturasen viva. El viejo llevaba razón. Era casi una niña. Las lágrimas del heroico caballero cristiano y su posterior furia cuando ordenó retirarse a los saqueadores, urdieron un misericordie relato que contradice a otros menos benevolentes”.


sábado, 25 de junio de 2011

Fray Joan Fuster (La Nucia, 1767), por Miguel Guardiola Fuster, Cronista Oficial de la Nucia

Carles III fou rei (1759-1788) en plena edat madura, als 40 anys, i venia en una llarga experiència de govern a Nàpols. 

 Va ser, sense dubte, el millor monarca del nostre segle XVIII, no per la seua intel·ligència, ni per la seua dedicació al govern, sinó per l´acert en elegir als seus principals col·laboradors, a més de tindre un caràcter afable, pla en el tracte i vida privada exemplar. Amples foren les reformes que emprengué, entre elles les de l´Esglesia, que era la institució més forta dins de la monarquia i, per tant, la més firme opositora als cambis promoguts per l´administració: limitació del dret d'asil, supressió de certes tradicions seculars que vorellaven en la superstició, prohibició de demanar almoines per als captius, protecció judicial als eclesiàstics front als abusos dels superiors, prohibició als eclesiàstics de mesclar-se en plets i negocis temporals, decrets de creació de seminaris, correcció i castics per a conservar la disciplina eclesiàstica. Tot açò ho va corregir amb Rials Ordes i Pragmàtiques, com l'expulsió dels jesuites, amb duresa i rigor, el 2 d'abril de 1767, que per cert el document es pot consultar en el Arxiu Històric Municipal de La Nucía.

 El compliment  d´una d´aquestes Ordes descobrix un frare de la Nucia. Resulta que el 4 de juliol de 1767 rebren en el poble una Carta Orde "para que se retirasen a sus Conventos los Religiosos que estuvieran fuera  de ellos en qualquiera Pueblos; a cuyo fin se ha avisado a todos sus Prelados, para que lo hagan executar dentro del termino de quince dias; exceptuandose solo los Religiosos que sirvieren Vicarias de beneficios Parroquiales unidos a sus respectivos Conventos: Y que los Religiosos Recogedores de Limosnas, que segun su instituto, y con las formalidades necesarias, pasaren a los Pueblos, solo se les permita residir en cada uno por tiempo de quince dias; y si pasados no se retirasen, las Justicias den cuenta al Consejo, para la providencia económica..." que resultà ser de dos-cents ducats.

L´alcalde Jaime Ivorra sabia, com tot veï, que el frare Joan Fuster estava a la Nucia per vore els seus pares aleshores malalts i que li concernia el dit en l´orde: havia de tornar al convent. Però esdevén de creure el certificat del 10 d'agost firmat pel metge Vicente Cano i el cirurgià Francisco Fuster, assegurant que el religiós s´encontrava malalt i per tant havia de recuperar-se abans de incorpar-se al convent. L'escrit del metge i cirurgià diu que "Juan Fuster Religioso Agonizante, que se alla en esta villa con motivo de ver a sus Padres y recobrar la salud se alla imposibilitado por sus accidentes abituales, como son calentura abitual en una suma extenuación nacidos de els seus estudios, de poder viajar en obedecimiento a la Orden de S.M., que Dios Guarde, ..." Fidel complidor de les Ordes Rials, temps després, el 25 de setembre, l´alcalde manà al metge i al cirurgià, que reconeixeran altra volta al religiós i emeteren un altre certificat de l´estat de salut de Joan Fuster. Els dos anaren a la casa on habitava el referit Joan Fuster "... que lo es de sus padres y le hemos hallado bastante recobrado para ponerse en su viaje para la corte de Madrid y Colegio de Agonizantes, en donde se halla conventual..."

Els Religiosos Agonitzants, ara orde dels  camilos, fou fundada per sant Camilo de Lelis en 1582, per al servici dels malalts i acompanyar a les persones al bon morir. Es distingien perquè damunt de la sotana portaven una creu roja. Ara en obert el seu camp de treball a una nova cultura de la vida i la salut. En creat el Centro de Humanización de la Salud, contant en un equip de professionals, religiosos i seglars, especialitzats en distintes disciplines del mon de la sanitat, geriatria, psicologia i bioètica. Treballen amb minusvalits, associacions professionals, residències d´ancians, cases d'acollides, Departamento Nacional de Pastoral de la Salud de la Conferencia Episcopal, Cáritas Nacional i Diocésana, hospitals, centres d´inserció i congregacions religioses.

 No sabem qui eren els seus pares, ni la casa ni el carrer on vivien. També ignorem la vida i vicisituts del frare. Segons el document  que em manejat devia ser un home d´estudis que estava adscrit a un convent de Madrid. I res més, però com la història sempre està oberta tal volta algun dia sabrem més del Religiós Agonitzant.

Per a rematar, encara que no té res que vore en el frare, resulta curis contar com van acabar els “Religiosos Recogedores de Limosnas” que pululaven pels pobles. L'Orde dia que tenien quinze dies per a tornar als seus convents. Alguns Prelats i Justicies qüestionaren la interpretació de l´Orde: “…si los quince dias concedidos para la recolección de limosnas, se devian entender por cada una de las especies, o indistintamente por todas”. La resposta deia: “…que a los religiosos que pasen a los pueblos a la recolección de limosnas, solo se les permita permanecer en ellos el dicho termino de los quince dias una vez al año en la estación que eligieren, para evitar, el que siendo innumerables las especies de que piden limosnas, esten los limosneros la mayor parte del año fuera de la clausura”. Aixina i tot l´asunt no hagué de solucionar-se tan clar com sa referit, doncs una nota de Roque Cano, escrivà de l´Ajuntament de la Nucia, al peu de l´Orde dita,  senyalitza que “…concluidas las siembras se dediquen a la composición de los caminos”. Molt bé, cal guanyar-se el pa treballant