jueves, 25 de junio de 2015
Dianium, Sertorio y los piratas cilicios. Conquista y romanización de la Contestania ibérica; por F. Sala, S. Bayo y J. Moratalla
SALA, F., BAYO, S. y MORATALLA, J., 2013, "Dianium, Sertorio y los piratas cilicios. Conquista y romanización de la Contestania ibérica", en Piratería y seguridad marítima en el Mediterráneo antiguo / Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas, Eduardo Ferrer Albelda, Enrique García Vargas (coords.). Sevilla : Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 2013. ISBN 978-84-472-1531-7, pp. 187-209.
jueves, 4 de junio de 2015
ISIDORO SANTAMARÍA; por Miguel Guardiola Fuster
ISIDORO SANTAMARIA
Miguel Guardiola Fuster
Cronista Oficial de la Nucia
La tradición recoge que “als peus d´altar de l´esglesia de Nucia hi
ha soterrat un fraret”. Sin hechos probatorios la duda era la opinión más
extendida. En 1947, en plena reconstrucción de la iglesia, los obreros Antonio
Fuster Fuster, (a) Tonico, y Bernabé
Ivorra Ivorra, (a) Sastre, -a quienes
el cronista debe la información- al colocar unas baldosas en la capilla de la
comunión el suelo cedió bajo sus pies y quedó al descubierto una cavidad.
Antonio Fuster se adentró en ella y encontró un cadáver humano momificado.
Ambos notificaron al párroco el hallazgo al que el cura no le dio mayor
importancia al descubrimiento y mandó tapiar el soterramiento.
Escribió el sacerdote Miguel
Sellés[1]
que “elevado el caserío –de la Nucia- a unas 25 o treinta casas, que aunque se
hallaban algo diseminadas, sin formar calles, se encontraban bastante aproximadas, y siéndoles muy incómodo el
haber de pasar a Polop y atravesar el barranco que las divide a oír misa, al
menos en los días de precepto, determinaron la erección de una hermita…” y en
este estado “los aldeanos de Nucia
acudieron al Prelado de la Diócesis para que les proveyese de un vicario (…)
Siendo el primer nombrado el Pbro. D.
Isidoro Santamaría habitante en dicho caserío”. Con los años la
capacidad de la iglesia quedó muy reducida y en 1754 iniciaron su ampliación.
Cuando la fábrica del templo estaba decentemente adelantada el vicario Isidoro
Santamaría se hallaba “muy viejo” y para que viese en parte satisfecho su deseo
de ver en parte finalizada la obra colocaron el altar mayor de madera, de la
primitiva ermita, en el lugar del mayor de la nueva iglesia y remataron la
obra. El mossén tuvo la gran alegría de celebrar misa en la nueva iglesia,
quedando muy sobrante el edificio para albergar los 62 vecinos de la villa. En
este estado a la obra fue paralizada con la muerte del virtuoso mossén Isidoro,
acaecida el 1 de enero de 1777.
La capellanía de la Nucia fue establecida en 1715 y su
primer presbítero Isidoro Santamaría. En esos años mossén asistía a la
parroquia de Polop con licencia parochi,
(con licencia del párroco), otras veces de teniente cura, (cura auxiliar que
ayudaba a ejercer la cura de almas de una parroquia, era usualmente el que
hacía de ecónomo al fallecer, enfermar o ausentarse el párroco o sin más
nombramiento).
A setse dies del mes de maig de mil siscens huitanta/ y nou naixque
y a denou dels dits mes y any,/ Bategui Yo Mosen
Domingo Vives vicari a Isidoro/ Asensi fill de Juseph Senta maria y de Fransisca Anna/ Cano Congugues, foren padrins Thomas
Cortes/ y María Águeda Sentamaría doncella/ Mosen Domingo Vives Vicari.
Pastor Fluixà afirma que “el primer beneficiari de la
capellanía va ser mossén Isidor Santamaria, que era un sacerdot fill de La
Nucia, aquest personatge és, en determinats moments, una figura cabdal per al
segle XVIII de la Nucia, ya que actua moltes voltes com a representant o enviat
de La Nucia en afers delicats, de vegades feia d´home bo, altres de conseller;
Amb Isidor Santamaria, La Nucia va tindre un inmillorable valedor que va anar
molt més enllà de les funcions que se li va asignar en la constitució de la
capellanía”.[2]
Mossén Isidoro Santamaría podría
ser el fraret soterrat en l´esglesia.
Las sospechas se confirmaron al localizar un documento que confirmaba la
presunción. El escrito está fechado en 1776 y lleva la siguiente anotación en
su encabezamiento:
Sobre se le conceda permiso y facultad para establecimiento de Capilla y
sepultura para sí y sus Herederos dedicada al Santísimo Cristo colocando en su
retablo dicha imagen en la referida Iglesia obligándose a todo lo necesario y
hacer anualmente fiesta.
Señor:
Mossèn Isidoro Santamaría Presbítero y Beneficiario de esta
Iglesia de la Purísima de esta Villa de la Nucia suplicante puesto a los pies
de vuestra ilustrísima con la mayor veneración dice que respecto haberse ya
concluido parte de la nueva obra de la iglesia y estar ya para trasladar a
Nuestro Amo en ella y no haber capilla dedicada al Santísimo Cristo ni menos
Santa Imagen movido el suplicante de su buen celo ofrece de sus propios hacer
capilla con todos los adornos e imagen, hacer anualmente su fiesta y cuidar de la
misma con la mayor limpieza que se requiere, para cuyo fin hipoteca pieza de tierra
capaz para lo dicho. Por lo a Vuestra Muy Ilustre rendidamente suplica se digne
conceder la facultad correspondiente con el permiso de abrir sepultura en ella
según los límites se permite para sí y
sus herederos que espera el suplicante de la inmensa piedad de Vuestra Muy
Ilustre a quien Dios Nuestro Señor dilate su vida infinitosa. Mn. Isidoro
Sentamaria, presbítero (letras deshechas, temblorosas y quebradas).[3]
Cuando el
escrito llegó a la Curia Arzobispal de Valencia se abrió una compleja causa burocrática:
desde la intervención del Promotor Fiscal de la Causa hasta la conformidad de
Fermín Ignacio García Almarza, arzobispo de Valencia, varias jerarquías
eclesiásticas fiscalizaron el proceso. La primera disposición mandaba que el
edicto se publicara en la parroquia de la iglesia de la Nucia y pasado el
tiempo señalado se establecería la providencia oportuna. Era el 10 de noviembre
de 1775.
El arzobispo de Valencia revalidó el
Memorial de Mossén Isidoro Santamaría y concedió “en dicha capilla el derecho de patronato y sepultura para si y sus herederos”[4],
y emplazaba en término de diez días contados desde el día de su publicación a
todas las personas que tuvieran opción sobre el terreno que se destinare a capilla
y sepultura a fin de que lo expusiese ante el Tribunal; pasado dicho término se
procedería a lo que tuviera lugar. Para dar cumplimiento a lo mandado José
Ivorra, vicario de la iglesia, lo leyó en el púlpito en día de fiesta de
precepto al tiempo del ofertorio de la misa mayor; después expuso el escrito en
el lugar acostumbrado. Al cabo de más de diez días no compareció ninguna
persona a impugnar la pretensión. Por todo ello se concedió el permiso y
licencia a mossén Isidoro Santamaría y demás personas, cuya intervención fuera
necesaria para otorgar y aceptar, respectivamente, a favor de dicho mossén y sus sucesores la
enunciada capilla y sitio en ella para la sepultura con tal que el mismo y sus
sucesores cumplieran en construir el retablo dedicado al Santísimo Cristo,
costear los adornos necesarios para el culto, hacer anualmente una fiesta y
conservarla siempre en la propia conformidad, hipotecando la pieza de tierra
capaz para todo ello, que se otorguen las escrituras públicas con las clausulas
adecuadas, con condición que el retablo será de piedra o estuco, no de madera,
y que de construirse la sepultura la bóveda ésta sea llana sin sobresalir del
suelo. La resolución de la Curia arzobispal está datada el 28 del mes de julio
de 1778.
[1] SELLES
LLEDO, Miguel. Historia del origen de la
Villa de Nucia y de su Actual Iglesia Escrita Por D. Miguel Sellés en 1868
[2] PASTOR
FLUIXÄ, Jaume. Notes per l´història de l´església
i de l´educació a La Nucia al segle XVIII.
[3] Archivo
metropolitano. Arzobispado de Valencia. Signatura 318/4. Sección I, Fondo XIV,
Carpeta 3, Elemento 4.
[4] El derecho
de patronato consiste en una serie de privilegios que la Iglesia concede a los
fundadores de un lugar sagrado y a sus sucesores, estos privilegios son el
derecho de presentación, el de preferencia honorífica y en caso de indigencia
el de alimentación.
domingo, 31 de mayo de 2015
Viaje de Cavanilles por la Marina. La lápida romana de Nucia; por Miguel Guardiola Fuster
VIAJE
DE CAVANILLES POR LA MARINA.
LA LÁPIDA
ROMANA DE NUCIA
Miguel Guardiola
Fuster
Cronista Oficial de
la Nucia
La Real Orden de 1791 el rey Carlos IV
encomendaba a Antonio José Cavanilles[1], por su condición
de botánico, viajar por toda España para confeccionar una “Historia Natural de
España”. Y Cavanilles requirió al monarca que le permitiera empezar por su propia
tierra, el Reino de Valencia.
El resultado de los tres viajes fueron las
“Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Agricultura, Población y
Frutos del Reyno de Valencia”. El botánico escribía un dietario donde reflejaba
sus percepciones, anotaba quienes le acompañaban, en su mayoría clérigos,
antiguos compañeros de estudios, frailes; pernoctaba en monasterios, conventos,
rectorías, abadías, y señalaba la clase de amistad que les unía y la
colaboración recibida. Como experto daba instrucciones a los campesinos de como
podar los árboles, de injertar, de construir presas y otras recomendaciones.
Sus indicaciones fueron escuchadas por los campesinos, notables del lugar,
hacendados y labriegos interesados prometiéndole ponerlas en práctica.
Cavanilles recorría los caminos a pie y a lomos de una mula cargaba los bártulos
y aparejos que precisaba.
Cavanilles emprendía la tercera expedición,
la más extensa y de mayor duración, el 13 de junio de 17 92. Desde Ayora, en la provincia de Valencia, partía en dirección a Biar, descansó y tomó la ruta de la Hoya de
Castalla. En compañía de Bartolomé Rico se dirigió hacia Alcoy sin entrar en la
población, pasó por Benifallim y Penáguila camino al valle del Guadalest y Aitana. Desde la sierra reiniciaba su
periplo el 12 de julio, llegó a Callosa
d´en Sarrià, visitó sus fuentes y canteras de mármol; en Callosa se hospedó
en casa de Andrés Ronda. Emprendió camino a Benissa por el collado de Bernia. En Altea, exploró sus huertas y descubrió un cultivo nuevo: el
algodón, un sistema distinto para fertilizar sus campos valiéndose de la Zoostera[2], y se impresionó
al descubrir las preciosas vistas del castillo de Altea. «En Altea estuve en
casa del Sr. Cura dn. Sebastián Aracil, quien no contento con suministrarme
cuanto necesitaba para mi instrucción me acompañó hasta Benidorm y me facilitó el conocimiento de los Señores D. Manuel
Fuster y D. Manuel Orts”. Le parecía admirable el progreso de Benidorm en
población y agricultura; le disgustaba el sabor salobre de sus aguas, y le
impresionó la pesca del atún con almadrabas. De Benidorm a Vila Joiosa por el camino de la playa; aquí se detuvo a comentar la
estructura del pantano y las mejoras que podrían introducirse en las
condiciones del riego. Y de Vila Joiosa a Alicante.
![]() |
| Mapa de López Vargas, 1762 |
Acabada la excursión regresaba a su estudio
de Madrid para redactar Las Observaciones.
Pero la información recogida era incompleta y para solucionar la contrariedad
se carteó con sus colaboradores para completar y corregir sus notas. Como era
de esperar los que recibieron las cartas eran en su mayoría clérigos. Los corresponsales
le remitieron información sobre la agricultura local, industria y problemas que
sufrían: Pedro de Goyeneche[3]
trasladó a Cavanilles la información del cura de Callosa d´en Sarrià; el
pavorde Juan Sala Bañuls, de Pego, le facilitó su permanencia en Pego en casa
de su hermano: “Apenas llegué a la posada (de Pego) y lo supo D. Pedro Pascual
Sala me forzó a salir de ella, honrándome con hospedarme en su casa,
distinguiéndose en todo género de oficios amistosos… Es de notar la práctica
introducida en este término por Don Pedro Pascual llamada arrabasar[4]…”
El pavorde le remitió una inscripción de la Nucia, advirtiéndole que corrigiera
el número de habitantes de la comarca que le parecía excesivo. Cavanilles, no
entró en la Nucia, ni en Polop. El pavorde Sala le remitiría a Madrid el dibujo
de un fragmento de lápida hallada en la Nucia, sus características: mármol
blanco con trazas de vetas negras, de unas dimensiones de tres palmos[5]
y medio de largo por tres de ancho (80 y 69 cm) y con la inscripción que
reproducimos[6].
Antonio Valcárcel Pío de Saboya y Maura, conde de Lumiares, recopiló y
ordenó las epigrafías en 1803, y las
entregó el 12 de diciembre de 1805 a la Real Academia de la Historia en un
volumen manuscrito: Inscripciones y
Antigüedades del Reino de Valencia. El académico y anticuario Antonio
Delgado las ilustró en 1846 y editó en 1852. La de la Nucia lleva el nº 65, 9v,
y la anotación “copiada en 1785”.
|
Transcripción: [D(is)] M(anibus) / [- F]abius / [- -
-]ianus / [anno]rum XXXV / h(ic) s(itus) e(st) / [pate]r(?) filio pientissimo
f(ecit) [7]
|
|
Traducción: Consagrado a los dioses Manes. Aquí yace (-.) Fabius
(---)ianus, de 35 años de edad. Para el hijo piadosísimo hizo (este monumento)
su madre/padre/hermano?
J.A. Céan Bermúdez[8]
señala el que sigue: “Lanusiá, villa del reino de Valencia, cerca de la costa
del Mediterráneo, y no distante del Cabo-Martín. Hubo de ser población
considerable en la región de los contestanos,
según los trozos de piedras labradas que hay en su distrito, donde se copió el
de esta inscripción” (y muestra el trozo de mármol con la epigrafía ya señalada).
![]() |
| Trozo de mármol hallado en La Nucia |
El fraile dominico Bartolomé Ribelles y Roque Chabas[9]
se ocuparon de la lápida y este último precisa que su paradero es desconocido.
Manuel A. Rabanal Alonso y Juan M. Abascal Palazón[10]
dudan de la autenticidad del mármol e incluso su procedencia: “El fragmento,
cuya noticia arranca en Cavanilles (1795, 237-238) es muy sospechoso desde el
momento en que este autor pretende probar con él el origen romano de esta
localidad alicantina, al tiempo que alude a otros epígrafes menores que no
recoge, y que, de haber existido, habrían constituido pruebas adicionales nada
desdeñables para un erudito del siglo XVIII. A ello se une la prodigiosa
fractura del lateral izquierdo, que deja ver los datos básicos para que el
epígrafe pueda ser leído e interpretado. En el dibujo publicado por Valcárcel
(1852/1979, nº 72) los elementos están excesivamente colocados hacia la derecha,
forzando la interpretación del lector, por lo que su situación parece
arbitraria. Al mismo tiempo, presenta algunas disonancias en la estructura y
desarrollo de formularios, que pueden obedecer a una falsificación erudita. Con
las naturales reservas, incluimos el texto en este apartado de inscripciones de
origen dudoso”.
Sin embargo, Josep Corell afirma que las “sospechas de Rabanal y Abascal
sobre la autenticidad de la inscripción no tienen fundamento. Por el formulario,
tipo de monumento y paleografía, se puede datar entre el siglo II al III d.C[11].”
![]() |
| Inscripciones del Reyno de Valencia; la mayor parte inéditas copiadas de sus originales por el Exmo. Sr. Príncip Pio, [9/4772], 99. |
|
|
BIBLIOGRAFIA
RIBELLES ms. A. in. S. s. XIX, 31. Colección
de lápidas y antigüedades romanas de la ciudad y reyno de Valencia.
Archivo PP. Dominicos de Valencia.
MARTÍ OLIVER Bernat. Les estampes de l´antiguitat en les Observaciones d´A. J. Cavanilles.
Cuad. de Geogr. 62, 485-507 València 1997.
GONZALEZ BUENO, A. Reflexiones en torno a los viajes de A. J. Cavanilles por tierras de
Valencia (1791-1793), Asclepio-Vol. XLVII-1-1995.
CAVANILLES A.J. (1795) Observaciones sobre la Historia Natural, Geografía, Población y Frutos
del Reyno de Valencia Agricultura. Madrid.
RABANAL ALONSO, Manuel A.; ABASCAL PALAZÓN, Juan M. Inscripciones romanas de la provincia de Alicante. 1991; 156-157,
nº 115.
CÉAN BERMÚDEZ, Juan Agustín. Sumario
de las antigüedades romanas que hay en España en especial las pertenecientes a
las Bellas Artes. Madrid, 1832.
CORELL, Josep l. Incripcions
romanes d´llici, Lucentum, Allon, Dianum i els territoris. Valencia, 1999.
CIL II 3579 (p 958).
CHABAS, Roque, El Archivo
3.11. 1889, 262.
[1]
Antonio José Cavanilles y Palop Valencia, 1745-Madrid 1804. Doctor en
teología, abogado, director del Jardín Botánico de Madrid, historiador,
botánico, naturalista y geólogo.
[2] Vulgarmente alga marina. Cuando arrecia el temporal se acumula en la playa. Los
agricultores la recogen y la depositan en los campos para que se pudra y sirva
de abono.
[3] Capítol de Orihuela
[5] El palmo en Valencia equivalía a
226,6 mm.
[6] CAVANILLES, A.J.
(1795) Observaciones sobre la Historia
Natural, Geografía, Población y Frutos del Reyno de Valencia Agricultura.
Madrid
[7] CORELL, J., Inscripcions
romanes d\'Ilici, Lucentum, Allon, Dianium, i els seus respectius territoris,
Valencia, 1999, nº 119
[8] CÉAN BERMÚDEZ, Juan Agustín. Sumario de las antigüedades romanas que hay
en España en especial las pertenecientes a las Bellas Artes. Madrid, 1832
[9] CHABAS, Roque, El Archivo 3, 11,
1889, 262
[10] RABANAL ALONSO, Manuel A.; ABASCAL
PALAZÓN, Juan M. Inscripciones romanas de
la provincia de Alicante. 1991; 156-157, nº 115
[11] CORELL, Josep l. Inscripcions romanes d´llici, Lucentum,
Allon, Dianum i els territoris. Valencia, 1999.
miércoles, 20 de mayo de 2015
Novedad bibliográfica: Los jesuitas en Jávea
El autor expone en este libro la proyección jesuítica en Jávea y su influencia entre los habitantes de la villa a través de tres apartados: a) los estudiantes en la Universidad jesuítica de Gandía; b) los jesuitas que residieron en la residentia javensis y desde ahí ejercieron su influjo en la villa y c) los javienses que quisieron ingresar en la Compañía de Jesús.
Los interesados pueden dirigirse al autor: juancodinabas@yahoo.es.
miércoles, 13 de mayo de 2015
Articles en français sur Les peintures rupestres post-paléolithiques de la Penya de l'Ermita del Vicari (Altea, Espagne); par María Francia Galiana et Palmira Torregrosa
GALIANA, M. F. y TORREGROSA, P. (1996): “La Penya del’Ermita del Vicari (Altea, Alicante, España). Un nouvel ensemble d’art rupestrepost-paléolitique”. Butlletin de laSociété Préhistorique de l’Ariège, LI, Foix, pp. 111-127.
http://orcid.org/0000-0003-2998-7120
http://orcid.org/0000-0003-2998-7120
*******************************************
miércoles, 6 de mayo de 2015
sábado, 14 de marzo de 2015
Les pintures rupestres de la Penya de l'Ermita del Vicari (Altea); per María Francia Galiana i Palmira Torregrosa
Descobriment, estudi i publicació de les pintures rupestres a la revista Zephyrus, vol. 48 (1995), de la Universidad de Salamanca.
Las pinturas rupestres de la Penya de l'Ermita del Vicari (Altea, Alicante) por María Francia GALIANA y Palmira TORREGROSA
http://orcid.org/0000-0003-2998-7120
Las pinturas rupestres de la Penya de l'Ermita del Vicari (Altea, Alicante) por María Francia GALIANA y Palmira TORREGROSA
http://orcid.org/0000-0003-2998-7120
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











