martes, 4 de septiembre de 2012

Un instante para el recuerdo; por Joaquín Ronda Pérez

"UN INSTANTE PARA EL RECUERDO"
Joaquín Ronda Pérez

http://orcid.org/0000-0002-4230-4075
(Artículo publicado en la Revista Festes Patronals Mare de Déu de Loreto
25 Agost-8 Septembre 2012 - Duanes de la Mar - Xàbia)




1. Historia de una foto


Durante el proceso de catalogación del legado documental del cronista Adolfo Salvá y Ballester (Callosa d’en Sarrià, 1885-1941), hallamos una antigua fotografía, de 11 cm de altura por 15,5 cm de ancho, sobre soporte de cartón.
La fotografía
 
La fotografía, en un estado estimable de conservación, representa en primer plano un grupo de personas, 15 hombres, 4 mujeres y 4 niños, acompañados por un perro, que miran de frente a la cámara. La actitud de uno de estos individuos, un varón adulto situado en medio de todos, transmite una sensación festiva: su brazo extendido sujeta en la mano algo parecido a una botella, como si brindase, mientras le dirige al fotógrafo unas palabras que despiertan la hilaridad de los presentes.
Por detrás del grupo se alza un faro, flanqueado por otros dos edificios, y un mástil, con banderas de señalización ondeando al viento, cuya traviesa horizontal sostiene dos figuras humanas. El firme, sobre el que asientan hombres y edificios, está formado por matorrales entreverados en una superficie de lapiaces.
Alguien muy meticuloso, consciente de la importancia del momento, anotó discretamente sobre el retrato, el lugar, la fecha y el nombre del autor de la fotografía, utilizando una pluma. Leyendo de izquierda a derecha, las tres inscripciones dicen literalmente: “Cabo de S. Antonio”, “N[1]. Ávila fº”, y “8 Mayo 1894”. La segunda, y tercera leyenda están escritas aprovechando el blanco calcáreo de la roca.
En nuestro deseo de profundizar en el conocimiento de la fotografía, recurrimos al amigo Juan Codina. Gracias a su erudición, tuvimos conocimiento de que la fotografía debió de tomarse con motivo de la inauguración del faro del Cabo de San Antonio en Xàbia. Para corroborarlo nos proporcionó un apunte hemerográfico:
“1894 (1 de mayo) (Semáforo) se inauguró el Semáforo del Cabo de San Antonio siendo el primer vigía D. José Tomás Zaragoza, de Villajoyosa, y 2º D. Vicente Moll Español, de Jávea. Fue construido del 1892 a 1894 por el maestro de obras José Cardona Salines, de ésta, bajo la dirección de los ingenieros navales D. Felipe Briñas (que hizo los planos y estudios), D. Alejo Martorell y D. Carlos Halcón, que dirigieron las obras”[2].
La primera cuestión que nos planteamos al escribir este artículo fue la de intentar averiguar, cómo llegó esta fotografía a mezclarse entre los papeles de Adolfo Salvá. Era evidente que éste no era su primer propietario, Salvá sólo contaba con nueve años de edad en 1894, y nuestra atención se focalizó en su padre, el registrador de la propiedad José Salvá y Pont (Tàrbena, 1825 - Callosa d’en Sarrià, 1896). José Salvá tenía relaciones familiares en Xàbia; su esposa, Salvadora Ballester y Ballester, tenía una hermana, Ana María, casada con Francisco Salvador Español, farmaceútico de Pedreguer nacido en Xàbia, cuyo hermano José, también farmaceútico, ejercía la profesión en Xàbia.
José Salvá y Pont (Tàrbena, 1825 - Callosa d’en Sarrià, 1896).
Fotografía de J. Marosi (Novelda).
El segundo interrogante que nos surgió fue el de identificar al responsable de la fotografía. Consultando la página de internet de la biblioteca valenciana, resolvimos que las iniciales N. Ávila corresponden al fotógrafo Nemesio Ávila y Ginés[3].
Nuestra curiosidad por “leer la fotografía” fue en aumento; buscando aquí y allá, y gracias a los adelantos técnicos de los que en la actualidad disponemos, podemos exponerle al lector de este artículo algunas noticias históricas sobre el semáforo del Cabo de San Antonio hasta 1894, año en que Nemesio Ávila fijó para la posteridad un acontecimiento digno de figurar en los anales pretéritos de Xàbia.  
2. Breve genealogía del semáforo del Cabo de San Antonio
El hito fundacional de la historia contemporánea del alumbrado marítimo en España es la creación, el 4 de enero de 1842, por el General Espartero, a la sazón regente del Reino, de una Comisión de Faros, integrada por ingenieros civiles y militares, dentro de la Dirección General de Caminos, Canales y Puertos.
Los trabajos de esta Comisión se plasmaron, ya en tiempos de Isabel II, en la redacción de un Plan General de Alumbrado Marítimo de las Costas, Puertos de España e Islas Adyacentes, aprobado por Real Decreto el 13 de septiembre de 1847, que preveía la construcción de 45 faros de primer, segundo y tercer orden, en un plazo de cuatro años.
Como consecuencia de la ejecución de este Plan, el 6 de diciembre de 1851, se licitaba en pública subasta la contratación para habilitar la torre vigía del cabo de San Antonio de Xàbia como torre del faro, más la construcción de las habitaciones correspondientes, con un presupuesto de 57.500 reales[4]. El faro no empezó a funcionar hasta el 1º de enero de 1855; consistía en una luz de color natural de aparato catadióptico de segundo orden, con eclipses de 30º en 30º, y un alcance medio de 19 millas[5].
El 30 de octubre de 1861 se puso en marcha un nuevo faro en el Cabo de San Antonio. En un emplazamiento distinto, aunque próximo al que ocupaba anteriormente, el constructor Lepante erigió una torre cilíndrica blanca de 16 metros de altura, que se alzaba 174,1 m sobre el nivel del mar. Unida a la torre se anexó la habitación para los tres torreros que exigía su servicio. La luz continuaba teniendo las mismas características que el antiguo faro de la torre vigía[6].
Los faros de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX eran muy similares: un edificio generalmente de una planta, normalmente con dos viviendas para sendos torreros y sus familias, y una torre para el fanal, de mayor o menor altura según las necesidades del plano focal de la luz, sobre la cota del terreno de asiento. Las torres podían estar situadas sobre el cuerpo de la vivienda, semiempotradas a dos alturas, o francamente separadas[7].
A partir de la década de los ochenta del siglo XIX se produjeron una serie de adelantos técnicos, que fueron introduciéndose paulatinamente en el alumbrado marítimo. Uno de estos cambios fue la sustitución de las lámparas mecánicas, que utilizaban el aceite de oliva como combustible, por las del tipo Doty y Maris, que llevaban incorporadas en su interior las mechas para la combustión y empleaban parafina, lo que significó una mejora en el alumbrado nocturno.
Otro perfeccionamiento se produjo en el sistema de destellos. Tradicionalmente las rotaciones de las ópticas repetían las ráfagas de luz en intervalos de uno o dos minutos. Conforme la velocidad de la navegación se fue acelerando se requirió una disminución del tiempo de parpadeo, lo que se consiguió reemplazando los rodillos de bronce cónicos por los cilíndricos; posteriormente el sistema se sofisticó con los basamentos de flotador de mercurio y los de juegos de bolas[8].
Es también durante esta época cuando empieza a generalizarse un nuevo concepto en el alumbrado marítimo: la estación electro – semafórica; se trataba de unificar en un mismo punto estratégico dos funcionalidades de extrema necesidad en los transportes y comunicaciones finiseculares. Según una definición contemporánea, “una estación electro – semafórica es una casita convenientemente colocada en un punto elevado y saliente de la costa; en ella hay una estación telegráfica que comunica con la más próxima de la red general, y en su parte más elevada un aparato que sirve para comunicar, por medio de señales, con los buques que pueden cruzar a la vista”[9].
Es verosímil pensar que los avances técnicos, unidos a la creciente pujanza económica de la Marina Alta y su incesante tráfico comercial, son los años dorados de la exportación de la pasa, dejaron obsoleto el faro del Cabo de San Antonio. Lo cierto es que en noviembre de 1883 se licitaron las obras necesarias para la construcción de un edificio destinado a estación electro – semafórica por la cantidad de 25.321,29 ptas[10].
Según testimonios de la época, en el año 1889 el semáforo todavía no se había completado porque, entre otras cosas, los aparatos ópticos y telegráficos no habían llegado desde su almacén en el Arsenal de Cartagena[11]. Para mayor abundamiento, el edificio presentaba una serie de inconvenientes tanto para el cumplimiento de sus servicios, era demasiado bajo y dejaba ángulos oscuros en la observación de los torreros[12], como para la comodidad del personal, en la vivienda apenas cabían los dos oficiales y el ordenanza destinados a este emplazamiento[13]. La estación resultó desastrosa y en el año 1892 “se dio por inútil, sin llegar a prestar servicio”[14].
El fracaso del semáforo proyectado el año 1883 forzó a la confección de una nueva estación electrosemafórica en 1894. La redacción del plan fue encargada a Felipe Briñas y Rueda (Guadix, 1864 – Barcelona, 1935), ingeniero primero de la Armada[15]. La subasta de su construcción se verificó el 1º de mayo de 1893; justo un año después se produjo su apertura pública[16].
Como ya dejamos dicho, la construcción se adjudicó a José Cardona Salines[17]. Los ingenieros directores fueron Carlos Halcón y Gutiérrez de Acuña, ingeniero primero, y Alejo Martorell Guinjoán, ingeniero jefe de segunda clase, ambos destinados en el Arsenal de Cartagena[18], departamento marítimo del que dependían los faros de la costa alicantina.
De los dos primeros vigías que estrenaron este semáforo sólo podemos aportar algunas pinceladas biográficas sobre uno de ellos, Vicente Moll Español. Natural de Xàbia, según Godofredo Cruañes, obtuvo la plaza para estudiar en la carrera de vigías de semáforos en junio de 1887[19]. Alcanzó el grado de teniente de navío de la Armada, y fue Ayudante de la Comandancia de Marina en Benidorm. Se casó en Sant Carles de la Ràpita con Josefina Llanes Rosales, hija de un antiguo alcalde de esta localidad[20], a la que quizás conociese estando destinado en el faro de esta localidad.
Como colofón, queremos lanzar un reto a todos los amantes del pasado de Xàbia; éste es, que se animen a redactar una historia exhaustiva sobre el faro del Cabo de San Antonio, emblema superlativo de la ingeniería marítima de esta localidad. A lo largo de su prolongada existencia, el faro, ha facilitado los transportes y las comunicaciones por todo el Mediterráneo, salvando muchos barcos y vidas humanas del naufragio; en definitiva, ha contribuido a hacer la comarca de la Marina más próspera y accesible.
  
            En Callosa d’en Sarrià, junio 2012







[1] Esta N está escrita a la inversa.
[2] Cruañes Signes, Godofredo, “Efemérides históricas de la villa de Jábea”, Xàbiga, nº 1, 1986. pág. 77. 
[3] Esta entidad posee entre sus fondos tres fotografías de este autor, pertenecientes a la colección de José Huguet Chanzá. La única que esta datada es de 1899.
[4] Diario Oficial de Avisos de Madrid, 26 de octubre de 1851.
[5] Noticia de los faros, fanales y luces de puerto de las Costas de España en el Oceáno y Mediterráneo, islas adyacentes, y posesiones en África y Ultramar, Madrid, 1856, pp. 20-21.
[6]; NAVAS GUTIÉRREZ, Mariano y MARTÍNEZ TERCERO, Enrique, “El Faro alumbra la mar y marca la tierra”, Informes de la construcción, vol. 55, nº 489, enero-febrero 2004, p. 18.
[7] “Estado general del alumbrado marítimo de las costas y puertos de España, islas adyacentes y posesiones de África en 1º de junio de 1868”; Gaceta de Madrid, nº 286, 12 de octubre de 1868.
[8] FERNÁNDEZ, Ángel J., “Historia de los faros y del servicio de señales marítimas en España”, Monográfico por el centenario de la Revista e Obras Públicas, tomo I, Madrid, 1953, pp. 195-196.
[9] Revista de Telégrafos, nº 15, 1 de julio de 1866.
[10] Gaceta de Madrid, nº 323, 19 de Noviembre de 1883.
[11] La Época, 22 de marzo de 1889.
[12] Noticia extractada de El Fomento de la Marina publicada en Las Provincias, 10 de octubre de 1885.
[13] Las Provincias, 18 de mayo de 1887.
[14] La Ilustración Ibérica, 9 de junio de 1894, p. 355.
[15] Briñas tuvo una dilatada carrera dentro del cuerpo de la Armada: ingresó como alférez de número en 1885, y obtuvo el retiro siendo general de brigada al cumplir la edad reglamentaria en 1928. Desempeñó destinos y comisiones tanto en el exterior (Filipinas, Hong Kong y Francia), como en la península, donde fue ingeniero jefe en el dique de Mahón y Jefe del Ramo de ingenieros del arsenal de Cartagena. A lo largo de su exitosa vida profesional fue premiado con diversas condecoraciones y cruces: Mérito Naval, Medalla de Alfonso XIII y la Gran Cruz de San Hermenegildo; Gaceta de Madrid, nº 49, 18 de febrero de 1923; nº 322, 18 de noviembre de 1926; nº 153, 1 de junio de 1928. Dato de la defunción en ABC, 16 de mayo de 1935.
[16] El Correo Militar, 7-04-1893.
[17] Mestre d’obres, a los 37 años obtiene el título de Agrimensor en la Academia de Bellas Artes de Valencia, según consta en el Archivo de la Universidad de Valencia. Construyó las 13 capillitas del vía crucis del Calvario. Levantó los planos topográficos de la Colonia Agrícola Portichol (El Progreso. 16 de julio de 1885). Falleció el 22 de septiembre de 1911 en la Barranquera a los 81 años de edad. Tatarabuelo de Juan Bta. Codina Bas. Datos facilitados por Juan Bta. Codina Bas.
[18] Guía oficial de España, 1894, p. 543.
[19] El Liberal: diario político y de intereses materiales, Año II, nº 430, 24 de junio de 1887.
[20] Diario de Tortosa, 24-04-1913.


miércoles, 22 de agosto de 2012

La Audiencia Criminal de Altea celebra su primer juicio; por Joaquín Ronda Pérez


La Audiencia Criminal de Altea celebra su primer juicio



Joaquín Ronda Pérez

http://orcid.org/0000-0002-4230-4075



En junio de 1882 se promulgó en España la Ley Adicional del Poder Judicial que autorizaba la creación por todo el país de las Audiencias de lo Criminal[1]. Como consecuencia de esta ley, el 1º de enero de 1883, se estableció, por razones geográficas, una sede de este tipo en Altea, ocupando para ello el edificio que anteriormente había sido convento de franciscanos[2]. Se asignó a esa Audiencia un Presidente, un Fiscal, dos magistrados, un teniente fiscal, un abogado fiscal, un secretario, un vicesecretario, dos oficiales, un portero, dos alguaciles y un mozo[3].

La jurisdicción de la Audiencia de Altea abarcó los partidos judiciales de Callosa d’en Sarrià, Dénia, Pego y La Vila Joiosa. Los jueces en estos partidos siguieron instruyendo los sumarios por causa penales, pero los fallos debían ser emitidos por el tribunal colegiado de Altea tras celebrar un juicio oral y público[4].

El día 26 de marzo de 1883 se celebró el primer juicio oral y público en la Audiencia de Altea. Se juzgaba una causa seguida por el Juzgado de Callosa contra Salvador Savall Molina, de quince años de edad, por la muerte, como consecuencia de un disparo con arma de fuego, de la joven María Sellés[5].

El caso revestía un gran dramatismo por la juventud de los involucrados, y el malhadado azar de los accidentes. Salvador Savall y su padre, ambos residentes en Valencia, habían sido invitados por los progenitores de la difunta con el fin de presenciar las fiestas de moros y cristianos de Callosa. La adolescente se hallaba reunida con su hermana y otra amiga cuando Savall, tomó una escopeta que había en una de las habitaciones de la casa, y se puso a jugar con ella pensado que estaba vacía; un tiro salió contra María Sellés que falleció instantáneamente[6].

El Fiscal calificó el hecho de imprudencia temeraria, y pidió que se impusiera a Salvador Savall la pena de tres meses y un día de arresto mayor, pena que el procesado rechazó. Actuó como Presidente del Tribunal, don Antonio Álvarez Osorio[7], y como abogado encargado de la defensa, don Ambrosio Orozco Ortiz[8].

El juicio era una novedad para Altea y los pueblos vecinos y, como tal, se revistió con aureola de espectáculo. Según el redactor de La Unión Democrática asistieron los abogados de Altea, don Manuel Martínez Rodríguez, don Martín Martínez, don Pedro Martínez y don Juan Bautista Martínez; además de los juristas callosinos don Ramón Giner, juez municipal de esta villa, y don Marcelino Blanquer. Numeroso público abarrotó la sala, “distinguiéndose bellas y elegantes señoras, que dieron realce y más brillantez al solemne acto de inauguración”.









[1] Gaceta de Madrid, 24 de Junio de 1882.
[2] GUTIÉRREZ DEL CAÑO, Marcelino, Monografía histórica de la Villa de Altea, Valencia, 1920, pp. 73-74. El Ayuntamiento de Altea tuvo que hacer frente a los gastos de habilitación y equipamiento del Tribunal, para ello D. Miguel Martínez Salvá adelanto un crédito a la corporación municipal (Boletín Oficial de la Provincia de Alicante, 15-04-1893, nº 85).
[3] Boletín Oficial de la Provincia de Alicante, 21-11-1882, nº 278.
[4] La ley Adicional del Poder Judicial y la ley de enjuiciamiento criminal, también promulgada en 1882, significaron dos avances muy importantes hacia la consecución de un sistema penal más racional, garantísta y abierto. Posteriormente, en 1888, se aprobó la Ley del Jurado lo que aproximó la justicia española a la anglosajona, la más progresista de la época; ESTARÁN PEIX, Juan Marcos, “El funcionamiento de un tribunal de la justicia ordinaria de la restauración: la Audiencia de lo Criminal de Manresa (1883-1892); Ivs Fvgit, nº 16, 2009-2010; pp. 391-413.
[5] La Unión Democrática, 1-03-1883.
[6] La Correspondencia de España, 18 de octubre de 1882.
[7] Este abogado sevillano tenía una diltada carrera en la administración judicial de más de 20 años. Desde 1880 se encontraba al mando de un juzgado de instrucción en Alicante; desde esta posición se le nombró para el Tribunal de Altea; Gaceta de Madrid, 21 de diciembre de 1882. 
[8] Ambrosio Orozco Ortiz (Altea,  1853-1907). Licenciado en derecho civil y canónico por la Universidad de Madrid (1875). Estaba casado con Isabel Salvá Pont, hija del magistrado tarbenero Don Francisco Salvá Pont (Tàrbena, 1819-1908), a la sazón Jefe de Sección del Ministerio de Gracia y Justicia (AHN, MAGISTRADOS, Exp. 4606/5272, Caja 2).

viernes, 10 de agosto de 2012

Presentació del llibre de Miguel Guardiola, Carlistas, Republicanos y Liberales


Presentació del llibre, Carlistas, Republicanos y Liberales de Miguel Guardiola,
per Joaquín Ronda Pérez

La Nucia, 9 d'agost de 2012

Bona nit,

És per a mi un orgull estar ací en La Nucia presentant un nou llibre del meu amic Miguel Guardiola, al que agraïsc sincerament que m'haja confiat la presentació de la seua última obra, Carlistas, republicanos y liberales.

No pretenc, ni molt menys, descobrir-los als ací presents qui és el doctor Guardiola, molts de vostés el coneixen fa molt més temps que jo. El que sí que puc proporcionar-los és la meva perspectiva, la d’algú que com ell, està interessat en temes d'història comarcal.

Conec a Miguel Guardiola personalment des de fa uns cinc anys. A propòsit d'uns papers de l'historiador i cronista callosí Adolf Salvà, un dia li vaig cridar per telèfon, i quedarem en veure'ns. A partir d'esta cita iniciarem una relació molt fructífera per als dos; no només a nivell de la pura investigació, sinó també des de l'àmbit personal.

Les converses amb Miguel em van servir per fer-me més humans a un grup d'historiadors que com ell, havien aparegut en la vida pública comarcal en els anys 80. Estem parlant de Ramón Lloréns d'Altea, Miguel Signes de Tàrbena, o Bernat Capó de Benissa, els dos primers per desgràcia ja desapareguts. Els seus noms eren per a mi mítics, perquè jo ja tenia constància dels seus escrits i, en cert sentit, els considerava com uns guies. Miguel aprofitava per parlar-me de l'efervescència cultural dels anys 80, de les reunions i tertúlies freqüentades, les col·laboracions en el Diario Información i de l'ambient fraternal i d'il·lusió amb la qual s'afrontaven estos anys de nova democràcia. Tot això haig de reconèixer sempre ha provocat en mi una sana enveja.

Miguel em parlava també de la forma en què duien a terme les seues investigacions, sense ordinadors ni internet; un treball encara artesanal, molt més semblat al desenvolupat per la generació de principis de segle XX, la d'Adolf Salvà o la de l’alteà Francesc Martínez i Martínez, que a l'actual.

Tot este procediment ha canviat enormement per la revolució tecnològica. Miguel s'ha adaptat a estos canvis de forma admirable i haig de dir-los que el llibre que avui presentem està confeccionat des de sa casa, ací en La Nucia, gràcies a les enormes potencialitats que Internet ofereix. Això no li ha de restar cap mèrit a la seua tenacitat i sagacitat amb la qual s'ha mogut per la xarxa per trobar les notícies necessàries.

Però vull tornar de nou a les comparacions entre generacions, en concret a les similituds que trobe entre les persones i obres de Miguel i Adolfo Salvà, malgrat el salt cronològic de més de cinquanta anys que hi ha entre els dos. Esta comparació sé que a Miguel li farà goig perquè des dels seus inicis sempre ha sentit una especial predilecció pel treball d'Adolf Salvà, al que ha citat amb profusió en les seues obres, i del que per cert, en este nou llibre, publica alguns textos inèdits.

La primera d'estes semblances que vull citar és la de ser autodidactes és a dir, l'haver après l'ofici d'historiar sense haver acudit a cap acadèmia o facultat, simplement a força de llegir a uns altres o directament escrivint història.

Un altre tret comú és el seu objecte d'investigació; la dedicació a rescatar el passat dels seus pobles d'origen i dels seus habitadors, per posar-ho al abast dels seus conveïns d'una forma completament altruista, sense esperar tipus de remuneració honorífica o material, i és més, suportant totes les despeses, que no són poques. Encara que existix una notable diferència entre els dos, ja que Salvà tenia recursos patrimonials suficients per poder-se dedicar exclusivament a la República de les Lletres, mentres que Guardiola ho ha hagut de fer sempre en els moments lliures quan el seu treball com a metge i les obligacions familiars l'hi permetien. Miguel, arribada la jubilació, ha tingut major temps per preparar este nou llibre, però la dedicació material a la seua afició ha arribat al màxim pagant-se ell mateix l'edició del llibre que avui presentem.

Continuant amb els paral·lelismes, Salvà i Miguel demostren una curiositat extrema, que els ha portat a practicar una espècie d'història total que compren: la crònica històrica, articles de costums, biografies o estudis de cultura popular. Tots estos elements col·leccionats pulcrament, en brut, sense interpretacions, posant-los a la disposició del lector perquè este traga les seues pròpies conclusions. No vull avorrir enumerant tots els llibres de Miguel, però ací estan per corroborar les meues paraules els títols següents: La Nucía: apuntes para la historia; Del Ayer, Vidas y Estampas; La Nucía, gentes de antaño o Lírica traidicional valenciana.

Finalment, detecte una espècie d'ideologia o, millor dit, un esperit vital com a inspiració als seus treballs que jo qualifico de romàntic. Al meu entendre, Salvà i Guardiola, són dos romàntics perquè, incòmodes davant del present, es refugien en el passat, un món que idealitzen perquè entenen molt més ordenat i comprensible que el que ells viuen. Per este motiu ells volen conservar este passat viu, fixant-ho negre sobre blanc.

I és precisament el romanticisme, l'idealisme, el tema d'este nou llibre de Miguel que avui ens convoca, perquè si bé republicanisme i carlisme són dues ideologies políticament antagòniques, els personatges que transiten pel llibre són abans de res persones insatisfetes amb la situació política que viuen; encara que els carlins intenten superar esta sensació projectant-se cap al passat, és a dir, tornant a la vella monarquia absoluta; mentres que els republicans volen fer-ho mirant al futur per arribar a un món política i socialment més just.

El romàntic és un ser profundament individualista, que no vol dir ni molt menys egoista, sinó que pensa que la seua acció personal és susceptible de provocar grans canvis al seu voltant. Este llibre està ple d'individualitats; personatges d'un i d’altre costat de l'espectre ideològic, de biografies absolutament fascinants. Individus que abandonant famílies, professions i hisendes, decideixen un dia lluitar pels seus ideals fins al punt d’estar disposats a sofrir presidi, exili o perdre la vida. Les aventures de dos d'ells són tan novel·lesques que fins i tot han passat a la ficció, com són els casos del periodista Froilán Carvajal i del marí calpí Nicolau Constantini, citats per Ramón J. Sender i Benito Pérez Galdós, respectivament.

Però este llibre no és ficció; mostra la crua realitat d'una societat molt primitiva que patix la violència política de les dues faccions, en forma d’incendis, saquejos, robatoris, segrests i morts amb pacient resignació. L'Estat, incompetent per fer front a la situació políticament i de protegir als seus ciutadans, va reaccionar al seu torn amb extrema violència, i la repressió va ser una constant en la seua actuació.

El llibre partix cronològicament de la gloriosa revolució de setembre de 1868, amb una descripció molt viva de l'entrada a Callosa d'en Sarrià de la Columna Republicana, al comandament de Froilán Carvajal i de l’alteà Miguel Jorro Such. Comença el període conegut com a sexenni democràtic, el més analitzat en el llibre, encara que hi ha una coda amb l'última carlistada de 1900.

En l'elecció d'este temps històric, Miguel ha estat molt original perquè que jo sàpia només els historiadors Rosana Gutiérrez i Vicente Ramos, han tractat este període però de forma molt superficial per a la comarca. Quantes vegades, els ací presents, hem sentit parlar de Palloc o hem escoltat la seua coplilla: El capitost Palloc donà que fer a València i el pobret la va pagar entre Murla i Benixembla. Doncs bé, Miguel desentranya en un capítol este fet històric de tantes ressonàncies populars.

El sexenni democràtic és una fase de la història d'Espanya molt convulsa; el sistema polític va passar en sis anys per una regència, una nova monarquia i una república. Esta agitació, Miguel la trasllada també a l'estructura del llibre, i els alçaments republicans i carlins es van alternant cronològicament.

L'àmbit geogràfic escollit per l’autor per tractar la qüestió és una novetat en la seua obra, perquè excedix amb molt La Nucia i l'espai comarcal; són molts els territoris pels quals s’escampa la investigació: la Foia de Castalla, la Vega Baixa, Cartagena i, fins i tot, Alger són alguns d'ells, encara que el gros de l'obra succeix en el paisatge de la Marina Baixa.

Convé recordar, que estos moviments també estaven connectats amb uns altres que estaven passant en altres llocs de la península, la qual cosa demostra que la nostra comarca no era aliena a tots els avatars pels quals passava el país; en conseqüència, vull proclamar que tenim una història tan rica i variada com la d'altres llocs i que falta gent que com Miguel Guardiola es dedique a desvetllar-la.

No vull parlar més del llibre perquè la millor presentació que se li pot fer a un llibre és recomanar la seua lectura. Un autor, ja sigui un novel·lista, un poeta o un historiador, fa la seua obra perquè esta siga rebuda per un públic; bé de forma oral, com en l'acte d'esta nit Poesia al Carrer, o més comunment per escrit, per ser llegida. No crec que Miguel siga en este sentit diferent a la resta de creadors i estic segur que en la solitud del seu treball pensava en nosaltres, els seus potencials lectors.

Per sort, l'àrdua tasca empresa per Miguel durant la redacció d'este llibre, es va veure recompensada fins i tot abans que el llibre existira físicament. Miguel va rebre un petit homenatge per part de l'Acadèmia de Cultura Valenciana, amb la distinció d'acadèmic corresponent per a La Nucia, la qual cosa es va venir a sumar al seu ja antic nomenament com a cronista oficial d’este poble.

Han transcorregut ja 7 anys, si no m'equivoque, des de que Miguel va publicar el seu últim treball sobre la Unión Musical de La Nucía. Els anys passen de pressa, i les circumstàncies vitals de Miguel han sofert canvis importants; desperta en mi molta tendresa saber que el naixement d'este llibre ha coincidit amb el naixement d'un bebè, Francesc, que ha fet a Miguel auelo. Vull felicitar a Miguel publicamente per els dos natalicis i desitjar-los a tots bona nit i una feliç lectura del llibre Carlistas, republicanos y liberales.
Moltes gràcies.


domingo, 5 de agosto de 2012

PRESENTACIÓ D´UN NOU LLIBRE

LA NUCIA, 9 D´AGOST DE 2012, 21:30
Lloc: Carrer Major



Imprescindible per a conéixer les revoltes republicanes y carlines en la comarca de la Marina.

martes, 24 de julio de 2012

PRESENTACIÓ I PROJECCIÓ DEL DOCUMENTAL "ALGÈRIA, EL MEU PAÍS"

27 DE JULIOL 2012
Lloc: Casa de Cultura de Tàrbena
20 h: Projecció de la 1ª part del documental
21:15 h: Sopar popular
22:30 h: Projecció de la 2ª part del documental


martes, 10 de julio de 2012

Notícia sobre la riuada del riu Algar el 1901.

Notícia sobre la riuada del riu Algar el 1901 i el molí de Crisanto (Callosa d’en Sarrià).

per Maria Francia Galiana Botella i Joaquín Ronda Pérez

http://orcid.org/0000-0003-2998-7120 http://orcid.org/0000-0002-4230-4075


L’enginyer Carlos Mendoza[1] ens relata un fet succeït el 1901 durant la construcció de la central “Hidroelèctrica de l’Algar”[2]. Les fortes pluges van produir el desbordament del riu Algar que al seu pas pel Molí de Crisanto es va emportar part d’aquesta construcció. Presenta diverses fotografies summament interessants que ens donen una idea de la força que pot tenir un riu.

Actualment, aquest molí ja no existeix.



[1] Carlos Mendoza Sáez de Argandoña (Madrid, 1872 – 1950) llicenciat en Enginyeria de Camins el 1896. Va fundar amb els seus companys de professió, Alfredo Moreno Osorio i Antonio González Echarte, l’oficina tècnica denominada Mengemor. Quan el Comte d’Orgaz decideix aprofitar l’energia del riu Algar per a construir una central elèctrica va encarregar a Mengemor el treball. El 1903 s’acaben les obres i es constitueix la “Hidroeléctrica del Algar”. Es designa Carlos Mendoza com director gerent. Construeix una central tèrmica xicoteta, que complementa la generació elèctrica del salt. Mendoza arribaria a ser president d’aquesta societat. La culminació de la seua carrera professional va arribar el 1917 quan, junt amb Antonio González Echarte i Miguel Otamendi, van aconseguir la concessió per a dotar a Madrid d’un ferrocarril subterrani. El Metro de Madrid es va inaugurar el 17 d’octubre de 1919 (Alzugaray, Juan José, Un instituto enraizado en la sociedad, 2005, Madrid, pp. 183-186).
[2] Madrid Científic, núm. 563, 1907, pp. 280-282.