viernes, 17 de junio de 2011

Sentenilla, por Miguel Guardiola Fuster

Sentenilla es una partida de tierra en el extremo sureste del término municipal de La Nucía. Su cota mas baja forma la margen derecha del río Guadalest. La altura máxima la alcanza el Tossal de Sentenilla. Entre una y otra, el Plà de Sentenilla plantado de naranjales. Enfrente, a la otra orilla del río Guadalest se alza vigilante el Tossal de les Banderes, del que se dice que lleva este nombre porque desde su cima los vigías hacían señales con banderolas al avistar naves de  piratas berberiscos por el cauce del río. De este modo daban tiempo a los pobladores de Sentenilla y entorno a refugiarse en el castillo de Polop. La bonanza climática y dúctil tierra condicionan su fertilidad, a salvo, al día de hoy, de planes de urbanismo.

No es el caso glosar las excelencias agrícolas de la partida. Esta ocasión toca hablar de su leyenda e historia, pues allí todo se mezcla. El lugar de Sentenilla se le identifica con la alquería de Sancta Illa, opinión que comparten Salvá Ballester, Pere Maria Orts i Bosch y Joaquín Fuster. El rey Jaime I donó en 1268 a su “carisime et dilecte dompne” Berenguela Alfonso los castillos y alquerías de Algar, Sancta Illa, Callosa y Tárbena, entre otros, que fueron de Alí Bocor y de su tío Mohamed, con la condición de que si no tenía sucesión masculina del rey, habían de pasar al infante don Pedro o a quien sucediera en el reino.

Doña Berenguela falleció en junio de 1272 sin descendencia; conforme a las cláusulas de donación volvieron a la corona los castillos y alquerías citadas. En 1290 adquiere Callosa En Bernat de Sarrià, y figuran como propios  de Sarriá el castillo de Polop, el de Callosa, el de Castells, la alquería de Ayalten (en las cercanías de dicho castillo), los castillos de Aljubea, de la Mola y de la Serra de Finestrat ( todos en término de esta última población), el castillo de Benidorm y el lugar de Benioma (en las cercanías de Altea), la alquería de Sancta Illa (la Sentenilla de La Nucía), la alquería de Xirla (Chirles), las alquerías de Lirieto (Lliriet, en Benidorm), de Metet (Matet, en Polop), de Algar (Callosa), de Paul (quizá Micleta, en Callosa), de Xacos (Callosa), de Benigaladi (sin identificar), de Murta (Xaló), de Benibrasim y de Tuzol (sin identificar), el lugar de Abalato (Callosa y Altea), la heredad de Talbanell (Penáguila), los castillos de Tárbena, Confrides, Serrella, el castillo de Aguilar (Guadalest); el de Relleu y el de Cabezó, los castillos de Orcheta, Villajoyosa y Torres, Xaló…Así identifica Salvá Ballester aquellos lugares, entonces poblados, hoy algunos desaparecidos. Bernat de Sarrià poseía de Villajoyosa a Callosa, con todos sus pueblos, términos y alquerías, excepto Bolulla y Garig que eran del cabildo de Valencia.

El 20 de septiembre de1321, Bernat de Sarrià hizo donación, ante el notario de Barcelona Pedro Sala, para después de su muerte y por cien mil sueldos, de los castillos y lugares mencionados, al infante D. Pedro de Aragón, conde Ribagorza. El 15 de Octubre de 1322, en Barcelona, Jaime II aprueba las donaciones hechas  inter vivos (sic) por Bernat de Sarrià al infante don Pedro, hijo de Jaime II de los citados lugares, incluida la “alquería de Sancta Illa” con las condiciones: “que si en lo sucesivo tuviereis hijos varones uno a muchos de vuestra esposa la Noble Isabel de Cabrera, en tal caso,  la antedicha donación hecha por vos al referido Infante carezca de valor y téngase como instrumento completamente revocado; pero sin embargo si dicho hijo o hijos vuestros procreados y nacidos de vos y la referida vuestra esposa  muriesen en la edad infantil, la antedicha donación sea válida y conserve su firmeza; pero si dichos hijos viviesen y excediesen la edad infantil, en tal caso la mencionada donación es nula y completamente revocada…” Bernat murió el 31 de diciembre de 1335, y muerta su esposa heredaron estos dominios los infantes de Aragón, primero el citado D. Pedro y, al tomar éste la vida monacal franciscana en 1355, su hijo Alfonso, primer conde de Denia y marqués de Villena. La alquería de Sentenilla no existía, asegura Salvá Ballester, en los siglos XIV al XVI, quedando sólo el nombre.

            Su despoblamiento pudo deberse a la huida de sus moradores hacia Argel apoyados por los corsarios y cristianos viejos, haciéndoles pagar unos escudos por cabeza, como hacía Rodrigo de Beamunt, procurador del almirante de Aragón, Sancho de Cardona, en los valles de Seta y Guadalest, o quizá por los soldados cristianos a los que se les adeudaba la soldada.  De esta última manera de la baronía de Polop, de Jalón y otros lugares llegaron a pasarse “diez mil almas o mas”.

             De la alquería de Sentenilla queda la leyenda hecha tradición y testigos arqueológicos. En un paraje de dicha partida se levanta entre ruinas una edificación a la que llaman la “mesquita”, en razón de que fue edificada sobre los restos de una antigua mezquita; así se ha transmitido generacionalmente de propietarios a vecinos. Hübner y Cavanilles refieren numerosos hallazgos arqueológicos romanos “en las inmediaciones de la villa”, y describen un trozo de mármol blanco con una inscripción funeraria. Figueras Pacheco asegura que los hallazgos de sepulturas, lápidas, medallas y otros objetos se repiten con frecuencia al remover los agricultores la tierra con los arados. Estos descubrimientos extramuros de La Nucía se sitúan en Sentenilla. Hace unos años con la apertura del camino rural que conduce a dicha partida se hallaron varias sepulturas. Este cronista durante sus paseos por el lugar ha encontrado trozos de lápidas con trazos, que se han utilizado para construir los muros de contención de las tierras. Más aún, no hace mucho encontré una jarrita piriforme con gollete y asa de la época tardo romana, siglos IV-VI d. de J.C.  Sentenilla conjuga la fertilidad y hermosura de sus tierras con la leyenda morisca, lo cual la hace más hechicera.






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