miércoles, 16 de mayo de 2012

NAUFRAGIO DEL PRINCIPE DE ASTURIAS; por Miguel Guardiola Fuster


NAUFRAGIO DEL PRINCIPE DE ASTURIAS
Miguel Guardiola Fuster
Cronista oficial de La Nucía



La máquina de vapor adaptada a la navegación supuso superar la barrera transoceanográfica y dio lugar a las grandes corrientes migratorias desde el viejo continente hasta América. El comercio entre países de ambos lados del atlántico fue favorecido, y las clases desfavorecidas buscaron en América nuevas oportunidades para rehacer su vida, mas las pudientes y ricas hallaron en estos viajes un motivo de placer y ocio. En los últimos años del siglo XIX y principios del XX más de veintidós millones de europeos emigraron al continente americano, de ellos más de tres y medio fueron españoles. Los más pobres huían del hambre, la miseria y del servicio militar obligatorio que no podían eludir pagando un sustituto o una redención. Muchos de estas gentes nunca llegaron a la tierra prometida al morir hacinados en sus bodegas y cubiertas o fueron a parar al fondo del mar víctimas de accidentes marítimos. Esta es la historia resumida del naufragio del Príncipe de Asturias que por su magnitud de la catástrofe le llamaron el Titanic español.
El buque Príncipe de Asturias, atracado frente a los tinglados de la naviera Pinillos, en Barcelona, esperaba la llegada del pasaje para hacerse a la mar. Despedido por una multitud de familiares y curiosos zarpó la tarde del 17 de febrero de 1916. Hizo escala en Valencia, de donde partió el 18 rumbo a Las Palmas, Montevideo y Buenos Aires, con 4 pasajeros de 1ª clase y 29 de 3ª, 825 toneladas de cargamento general, abundante arroz, vino, pimentón y azulejos. El 21 atracó en Cádiz y el 23 en Tenerife, completando así la carga y el pasaje. Oficialmente a bordo viajaban 588 personas, 193 tripulantes y 395 pasajeros, repartidos estos últimos en 49 pasajeros en primera, 28 en segunda, 59 en tercera y 259 emigrantes.
El capitán Lotina tenía previsto llegar a Santos (Brasil) a última hora del día 4 de marzo de 1916. Ese sábado de Carnaval amaneció nuboso, con marejada del Suroeste y poca visibilidad que hizo que la velocidad del vapor disminuyese sensiblemente y navegase por estima durante todo el día. A las 4:15 del 5 de marzo el buque colisionó contra el arrecife sumergido de Punta Pirabura. El efecto del choque fue brutal, apenas ocurrida la tremenda colisión el barco se escoró por la popa, se partió longitudinalmente explotando las calderas e incendiándose y hundiéndose en poco más de cinco minutos. Muchos pasajeros ni siquiera tuvieron tiempo de abandonar los camarotes y de los que pudieron ganar la cubierta y arrojarse al agua por la borda casi ninguno pudo salvarse arrastrados por el tremendo remolino del buque al hundirse.
Sobre el naufragio han circulado muchas hipótesis y conjeturas, tantas como supervivientes, muchas de ellas dudosas y oscuras. Para unos la mar estaba en calma, otros conjeturaron que fue un sabotaje, incluso se dijo que el capitán del buque al darse cuenta de la magnitud del choque bajó a la sala de maquinas y comprobó que era imposible cualquier maniobra de salvamento y se pegó un tiro en la cabeza, acción que fue secundada por el primer oficial momentos después del suicidio del capitán.
El barco más lujoso de España transportaba 20 estatuas de bronce, regalo de la colonia española de Buenos Aires al pueblo argentino, pinturas, pergaminos y piezas antiguas de colecciones privadas y museos. Se hundió con 40.000 libras esterlinas en oro, una estatua ecuestre del general argentino José de san Martín y otras estatuas de regalo de los españoles por el centenario de la independencia de Argentina contra España, el 9 de julio de 1816.
A la mañana siguiente los cadáveres se acumularon en una playa de la isla llha Bela, que desde entonces se conoce como Praia de Cavería (montón de cadáveres). Sólo hubo 143 supervivientes. Del número de muertos se publicó una lista oficial pero es creíble que la cifra fuera mayor –más de mil- a tenor de los pasajeros ilegales que se supone albergaban las bodegas. Entre los desaparecidos figuraban personalidades de las finanzas, espectáculos, política y periodismo. 
El diario El Imparcial (Madrid, 12/3/1916) insertaba una noticia de su corresponsal en Alicante con esta información: “Una familia ahogada. Entre las víctimas del naufragio del Príncipe de Asturias figura una modestísima familia del pueblo de la Nucia, de esta provincia, compuesta de un matrimonio y varios hermanos que iban a Buenos Aires, donde se encuentran sus padres. Se embarcaron en Valencia, donde dejaron a una muchacha por encontrarse enferma, y que a esta circunstancia debe la vida”.
La noticia la amplía y aclara el Mercantil Valenciano(Valencia, 0/3/1916) con la publicación de la lista de los pasajeros embarcados en Valencia con su nombre y apellidos, edad y naturaleza. En ella se hallan los vecinos de la Nucia: Vicente Ortuño Berenguer, 25 años, cantero, y los hermanos Andrés, Serafina y María Cano Company, de 9, 15 y 10 años. La tradición oral ha borrado de la memoria la identidad de estas personas como hemos tenido ocasión de comprobar al preguntar a las más longevos y versados nucieros.
                 
 


1 comentario:

  1. Mi tatarabuelo iba en ese barco, su apellido era Galiana.

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